thumbnail Hola,
Vida y fútbol en Israel - Parte II

Vida y fútbol en Israel - Parte II

facebook.com/oscar.guerrero.1671897?fref=ts

Yo tuve la fortuna de estar en un equipo muy acogedor: la relación entre todos era muy cercana, desde el presidente del equipo hasta el utilero.

Óscar Guerrero delantero bogotano que milita en el fútbol de Israel, aceptó la propuesta de Goal Colombia, de dar a conocer cómo se vive el fútbol en Tierra Santa.

A continuación la segunda parte de este gran especial.

Casi todos los equipos están compuestos por Israelíes  con 2 o 3 extranjeros que deben suplir lo que no se encuentre fácilmente, ese es el caso por el cual buscan defensas experimentados y ordenados, volantes fuertes y atacantes hábiles y rápidos. Iván Garrido, uno de esos defensas con dichas características y que se encontraba jugando para Bnei Yehuda en Tel Aviv, fue quien me hizo más fácil mi adaptación al nuevo país y junto con su familia vivimos gratos momentos colombianos.

Yo tuve la fortuna de estar en un equipo muy acogedor: la relación entre todos era muy cercana,  desde el presidente del equipo hasta el utilero.  

Rápidamente me acostumbre a hacer parte de las celebraciones religiosas, por cierto muy marcadas e importantes para el pueblo de Israel. Como muchos saben la religión Judía es el motor de este país; sin fijarse mucho en mis costumbres o  gustos, ellos no dudaban en compartirme, invitarme y hacerme vivir cada momento especial para ellos como si yo fuera uno más. Entre tantos momentos uno de los más especiales es la celebración del Shabat (sábado);  todo comienza con una cena el día viernes con la puesta del sol, en la cual se reúnen las familias y rezan juntos mientras comparten el pan y el vino, como antesala a la deliciosa comida típica de Medio Oriente. Yo asistí casi todas las semanas a la casa de Meir Yzhaky, presidente del equipo  quien me trato como un hijo más;  la familia Yzhaky ha sido como mi familia acá, tanto su esposa, sus hijos y familiares siempre se han preocupado por nosotros, incluyo a mi esposa Juliana Zapata con quien vivo acá desde que me case hace más de un año.

Ellos fueron los primeros hinchas, los primeros profesores de hebreo, los encargados de hacerme sentir como en casa. Esta experiencia también deja ver ese sentido de pertenencia de los israelíes y el gran valor que le dan a su familia. Fue así como pase casi un año en este equipo, en el cual los jugadores celebraban sus cumpleaños en algún restaurante-bar de la ciudad, y a éste asistían casi todos los miembros del equipo, incluyendo el staff técnico y directivo;  equipo en el que cada partido ganado se celebraba como un titulo, con cantos y canciones que teníamos como insignia, letras que a través de Rafi, el utilero, fui aprendiendo.

Al  comienzo no vi una gran necesidad por aprender hebreo, ya que la mayoría de las personas, independientemente de su grado de educación o condición social, tienen conocimientos básicos de inglés y así siempre ha sido posible comunicarnos. Sin embargo, por adaptación, por gusto y por tener obviamente un plus en el entendimiento  tanto de mi vida deportiva como personal, decidí aprender un idioma que a simple vista son jeroglíficos para quienes usamos el alfabeto latino (escrito de derecha a izquierda) y que es un trabalenguas para quien lo escucha.  Después de un buen tiempo de estudio en casa con libros y guías, por internet y obviamente con la convivencia y la relación con mis compañeros quienes son  todo el tiempo como mis profesores, puedo decir que hoy en día comprendo en gran medida el hebreo.  Hablarlo, pero sobretodo leerlo y escribirlo han sido unos buenos logros conseguidos en ese aspecto.

Artículos relacionados