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Lionel acaba de ganar el cuarto Balón de Oro consecutivo y ya nadie puede discutir que es el mejor, pero hay un fenómeno que de haber sido contemporáneo podría haberlo superado.

Luciano Román Garzo
Redactor
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La grandeza de Messi ha hecho trabajar el doble a estadistas, entrenadores e incluso hasta a jugadores, pero todo fue en vano, porque cada registro debió actualizarse semanalmente y dentro de la cancha no hubo táctica ni futbolista capaz de pararlo. La aparición de este tipo de estrellas como Messi, cuyo nacimiento en el planeta Tierra aún se debate, incita a las comparaciones contemporáneas y también históricas.

Así como una porción del mundo del fútbol, que cada vez es menor, iguala a Messi con Cristiano Ronaldo, resulta irresistible poner al 10 del Barça en el mismo plano que los cracks de la historia de este deporte. En el marco de la entrega del Balón de Oro, premio que la pulga ganó por cuarto año consecutivo marcando un hito nunca antes ocurrido, una de las preguntas que surge es: ¿Qué otro ganador de este mismo galardón podría haberle arrebatado el premio al argentino?

De una lista inicial que incluía a tres delanteros fantásticos como fueron Alfredo Di Stéfano, Johan Cruyff y Ronaldo, por la cercanía en la historia y lo espectacular que era, el Fenómeno brasileño es quizás el que podría haber dejado a Messi sin el póker de balones de oro. Casualmente, la mejor temporada en la carrera del atacante fue en 1996/97 también con la camiseta del Barcelona, en la que marcó 47 goles en 49 partidos, una cifra espeluznante, exactamente igual a las de Messi durante el año 2012. El año de estadía en el Camp Nou fue casi perfecto para Ronaldo porque sólo se le negó la Liga, pero se consagró en la Copa del Rey en el mismísimo Santiago Bernabéu, estadio que más adelante sería su casa, y en la Supercopa de España. Y antes de tomarse sus merecidas vacaciones, ganó la Copa América en Bolivia con la Selección de Brasil. El semestre siguiente, luego de una mejora contractual que nunca llegó, O Fenómeno emigró al Inter de Milán y, básicamente, siguió haciendo lo que mejor sabía: romper redes.

Algo similar le ocurrió a Messi en el pasado 2012, a quien el Real Madrid le arrebató la Liga, que hubiese sido la cuarta consecutiva, al igual que como le había ocurrido a Ronaldo 15 años antes. Sin embargo, Lionel festejó en la final de Copa del Rey y durante la segunda mitad del año su rendimiento fue sencillamente inigualable. Como siempre, fue determinante en la primera ronda de Champions League y también tuvo noches de película en Liga, como aquél 5-4 ante Deportivo La Coruña, partido en el que Messi metió tres goles. Para darle un cierre de oro, destruyó el récord de goles en un año de Pelé y pasó por seis los 85 del legendario Gerd Müller.

Dos delanteros de raza pero diametralmente opuestos. Uno, mezcla perfecta de potencia y habilidad, de fantasía y explosión. Quizás hasta abusaba de la gambeta en ciertas ocasiones pero no por soberbio sino porque se sabía capaz de dejar en el camino dos veces a un mismo defensor en apenas cuestión de segundos. Y el otro, un apilador serial de rivales que nunca pasa los pies por encima de la pelota ni se frena contra una banda incitando a los contrarios a hacer el primer movimiento para luego ridiculizarlos. Simplemente agarra la pelota y corre, siempre para adelante y con una percepción inexplicable de la ubicación del arco.

El tiempo tiene estas cosas y puso a dos animales del gol en décadas distintas, pero a través de la memoria se puede jugar a que ambos tengan la misma edad y sean, al menos por un rato, los dos máximos candidatos a ganar el Balón de Oro.

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