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Suárez y un nuevo episodio polémico al llevarse la pelota con la mano antes de su gol al Mansfield por FA Cup. ¿Hay persecución al uruguayo en Inglaterra?

Sebastián García
Director Editorial
Goal.com Latinoamérica
  
 

Su fútbol nunca estuvo en duda. No se registran datos de encuestas en las cuales los defensores de la Premier League eligen al delantero que menos les gusta enfrentar, pero pocos deberían dudar que el nombre de Luis Suárez estaría bien alto en ese ranking. No solamente en la lista confeccionada por su ya declarado archi-enemigo Patrice Evra.

Suárez ya es, sin lugar a dudas, uno de los delanteros más importantes de la Premier League y esta temporada, más que nunca antes, lo confirma dentro del campo de juego cada vez que le toca jugar. En sus primeras dos temporadas con el Liverpool, Luis convirtió 15 goles (cuatro en la 2010-11 y 11 en la 2011-12), exactamente la misma cantidad que lleva en la temporada actual, que apenas comienza su segunda mitad. El oriundo de Salto, Uruguay, es el hombre emblema de uno de los clubes más populares de Inglaterra y del mundo: el Liverpool, pero antes de llegar a los Reds del Merseyside, ya cargaba en sus espaldas con una reputación pesadísima.

La fría noche del 2 de julio de 2010, en Johannesburgo, Sudáfrica, Luis metió la mano donde no debía. Al menos para la opinión de los puristas del fútbol que poco entienden del sacrificio por la causa o de las reacciones instintivas.

¿Por qué en Inglaterra nadie le reclama nada a Jorge Fucile, el otro valiente parado sobre la línea de gol defendiendo su arco vacío, si él hizo lo mismo que Luis? ¿Acaso hubo una conspiración craneada de antemano por Suárez y Fucile para ambos intentar tocar la pelota con la mano para evitar un gol de Ghana al minuto 121 y la eliminación de Uruguay del Mundial? Imposible. La desgracia de Luis, la fortuna de Uruguay, fue que su mano fue la que se interpuso entre ese cabezazo de Dominic Adiyiah y la derrota.

Suárez le dio una chance más a Uruguay y la Celeste avanzó a semifinales gracias a su acto reflejo de sacrificio. No fue por la mano de Suárez que Uruguay eliminó a Ghana. Fue por el error de Asamoah Gyan, quien reventó el tiro del final contra el travesaño. El de Suárez no fue un crimen sin castigo. Luis lo pagó al perderse la semifinal ante Holanda. No hubo trampa. No hubo injusticias.

El pobre Luis, sin embargo, poco sabía de la fiereza de los ojos que lo esperaban para verlo en las canchas del Reino Unido apenas un semestre después. Esas miradas que suelen ser más tolerantes con un planchazo descalificador e interruptor de carreras promisorias que con alguien que se deja caer con facilidad para intentar ganar un penal para su equipo. Esas que poco entienden de las diferencias culturales entre el viejo continente y este lejano rincón del mundo llamado Sudamérica.

Hasta aquí, la mirada parcial y subjetiva del sudamericano promedio. Pues bien, hay otra mirada. Y hay que entenderla y respetarla.

Se suele admirar desde estas tierras la caballerosidad deportiva de los jugadores ingleses en líneas generales. El propio Diego Maradona llegó a afirmarle a Gary Lineker en una entrevista para la BBC que “el jugador inglés es mucho más noble y más honesto en la cancha”.

Y hay que entender que para ellos y para la gente que va a la cancha en Inglaterra, hacer cosas al límite del reglamento, ni que hablar las que van más allá del mismo, es de las ofensas más graves que se puedan cometer.

El papel de la prensa sensacionalista en Inglaterra es mucho más asfixiante que en nuestras orillas y tomar a alguien, cualquiera sea su nombre, como candidato a ser erigido como villano está entre las especialidades de la casa.

Luis dio el physique du rôle desde antes de llegar a Inglaterra. Y para ser absolutamente sinceros, no ayudó a su causa.

Quizás sin saberlo. Seguramente sin intentarlo. Sencillamente siendo él mismo. Jugando de la misma manera en la que lo hizo siempre. Impregnado de la idiosincrasia rioplatense del llorar para poder mamar. Del necesitado que tiene que echar mano a los más impensados recursos para poder subsistir. Está en el ADN. ¿Cómo luchar contra eso?

Lamentablemente para Luis, en el país en el que juega, las reglas son otras. Su lío más grande hasta el momento llegó cuando le dijo “negro” varias veces a Evra. Algo que en su Uruguay natal es lo más normal del mundo. Si hasta artistas como Ruben Rada o el mismísimo Obdulio Varela son más conocidos simplemente como Negro Rada o Negro Jefe. Pero tras ese episodio con el lateral izquierdo francés, las aguas se dividieron y la imagen de Luis se deterioró todavía un poco más.

EL MUNDO VERSUS LUIS
 ASHLEY WILLIAMS | SWANSEA

"Se tira al piso más que cualquier otro jugador que me tocó enfrentar. Fue tan alevoso que me quedé verdaderamente impactado. Me dieron ganas de noquearlo".
 PATRICE EVRA | MANCHESTER UNITED

“Hay cámaras, se lo puede ver diciéndome esa palabra por lo menos diez veces. No debería haber lugar para estas cosas en 2011”.
 ALEX FERGUSON | MANCHESTER UNITED

“Ese jugador (Suárez) es una desgracia para el Liverpool Football Club. Ese jugador no debería tener permitido jugar para el Liverpool nunca más”.
Meses de investigación. Centenares de declaraciones tomadas a protagonistas y testigos. Miles de artículos publicados en papel y en bytes. Y para colmo, la histórica rivalidad entre su Liverpool y el Manchester United, hizo que unos salieran a defenderlo –tal vez algunos en contra de sus propias creencias- y otros salieran a invitarlo a la hoguera.

Suárez fue suspendido y multado. Volvió y se negó a darle la mano a Evra, quemando un cartucho más frente a las cámaras del mundo.

Entonces cuando Uruguay enfrentó en Cardiff a Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos, o cada vez que Luis toca la pelota en cualquier cancha que visite el Liverpool, el público lo maltrata.

No le permiten el más mínimo gesto de protesta ampuloso cuando algún árbitro no sanciona infracción en su contra. No le bancan que se queje ante los jueces de línea cuando estos levantan la bandera marcándole una posición adelantada. Suárez no tiene más crédito con el público inglés que no simpatice con la histórica casaca roja del Liverpool.

Y justo cuando parecía que el 7 se alejaba de estos problemas y comenzaba a silenciar a sus críticos, llegó el partido de tercera ronda de la tradicional FA Cup. Luis comenzó el partido sentado en el banco y tras el gol del debutante Daniel Sturridge, el entrenador Brendan Rodgers lo mandó al campo para buscar sentenciar un partido que con el 1-0 no ofrecía garantías de éxito y clasificación.

El ex Nacional de Montevideo y Ajax pisó el área en el minuto 59, sacó un remate de zurda y de primera que dio en el cuerpo de Alan Marriott y tras el rebote en el arquero, su mano derecha impactó de lleno la pelota. Más bien la pelota le pegó a su mano. Luis, queda claro, no tuvo intención de jugarla con la mano. El juez no la vio, el línea tampoco y el uruguayo entró caminando con pelota y todo para el 2 a 0 que enfureció a los locales, que para colmo buscaban maquillar la diferencia de calidad entre ese equipo que marcha noveno en la quinta categoría del fútbol inglés y el plantel de uno de los dos equipos más grandes de ese país.

Sus detractores explotaron en Twitter y hasta usaron el tradicional beso que Luis le da a su muñeca derecha cuando convierte un gol para insinuar que lo estaba haciendo para mofarse del rival.

Los principales diarios británicos amanecerán con la foto del uruguayo y esa pelota amarilla que parece parte de su cuerpo. La misma que ilustra esta nota. Aunque con otras intenciones en el mensaje que hay detrás. Luis enfrenta una batalla desigual. Es un jugadorazo. Su corazón parece ser incluso más grande que su talento.

Pero el tamaño de los demonios a los que se enfrenta, muchos productos de su propia creación, y el fuego que él mismo se encarga de avivar, siendo o no del todo consciente, lo ponen entre la espada y la pared. Incluso con mucho más rigor que el que Suárez les aplica a esos atemorizados defensores que no quieren saber nada con tener que verle la cara en 90 minutos de pesadilla garantizada.

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