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Erik Lamela es el próximo eslabón en la línea de sucesión romana. Bajo el mando de Zdenek Zeman se afianza como heredero del interminable Francesco Totti.

"Tiene todo para ser mi heredero". El Emperador aún no abdicó a su trono, pero señaló a su favorito dentro de la cadena de sucesión romana. Francesco Totti, gladiador interminable, cargó sobre su espíritu inquebrantable el destino de la Antigua Roma durante las últimas dos décadas. Il Capitano debutó en 1992 pero no fue hasta el desembarco de Zdenek Zeman que desató su mejor versión. Trece años después cierra un ciclo, reinventado después del otrascismo al que fue condenado por Luis Enrique, otra vez como pilar fundamental de las huestes del entrenador checo.  

El imborrable pasado y el halagüeño futuro convergen en un presente que atraviesa el clásico recambio generacional, cuando los históricos le ceden la posta y la mística a los jóvenes. Mientras Totti rubrica sus últimas pinceladas, Erik Lamela construye una idolatría inminente. Sufrió en carne propia el descenso de River y la desorganización de la Selección Argentina en el último Mundial Sub 20 de Colombia. En ambos calvarios demostró no solo su talento, sino también su personalidad avasallante con la diez estampada en su espalda. Contextualizando sus aventuras, Roma era una paraíso ideal para pulir su juego a la sombra de uno de los jugadores italianos más determinantes de toda la historia. 29 partidos y cuatro goles en la temporada 2011/2012 fueron el preámbulo del vendaval irrefrenable que desencadenó con el retorno de Zeman a la región del Lazio.

Zeman desembarcó en Roma e inexorablemente instaló su ultraofensivo 4-3-3. "Lamela para mi es un extremo, un jugador con grandes cualidades pero que debe explotarlas", analizó. Su filosofía potenció las virtudes de Lamela. Los antecedentes presuponían un destino inequívoco: Giuseppe Signori en Foggia, Totti en Roma y su tridente goleador en el último Pescara sensación en la Serie B (Ciro Inmobile -28-, Lorenzo Insigne -18- y Marco Sansovini -16-), todos agigantaron su racha anotadora con Zeman. Coco, como lo apodaban en los picados del barrio, es el cuatro máximo artillero del torneo con diez dianas en catorce partidos.

Lamela atraviesa el mejor momento de su carrera. Afianzó su liderazgo futbolístico, creció como caudillo y se convirtió en una de las estrellas de la Serie A. Alejandro Sabella, atento a todos los escenarios del fútbol mundial, seguramente lo habrá anotado para incluirlo dentro de su próxima convocatoria. No solo triplicó su producción goleadora, sino que agigantó su capacidad para asociarse, construir y hacer jugar a sus compañeros. Adquirió frialdad mental para controlar su apasionado corazón y tomar la decisión más saludable para cada escenario.

Con Totti cobijándolo bajo su ala protectora y Zeman como ente constitutivo de una identidad que como bandera exige "Movimiento. Posesión. Velocidad", Lamela brindó una exhibición memorable frente a uno de los peores Milan de la historia. Coco, con esa zurda indescifrable, ilusiona a hinchas que confían en su nuevo héroe para recobrar el protagonismo de antaño, esa gloria que conquistó con los goles de Gabriel Batistuta, otro gladiador romano.

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