thumbnail Hola,

El Santiago Bernabéu, harto del circo que rodea a su entrenador, se manifestó mayoritariamente contra éste en el partido de Copa del Rey ante el Alcoyano.

OPINIÓN

Señor Mourinho: ¿Por qué? ¿Por qué esta actitud? ¿Por qué su continuo despotismo y su chirriante sarcasmo? ¿Por qué ese tono desafiante en rueda de prensa? ¿Por qué le incomoda que un periodista francés le haga una cuestión estrictamente futbolística, de las que teóricamente usted gusta, y no le responde lo preguntado por no ser sobre jugadores de su país? ¿Por qué echó a Valdano, experto ‘bombero’ y respetado madridista, para exigir ahora un hombre de perfil idéntico con el fin de usarlo cual muñeco mientras usted hace de ventrílocuo? ¿Por qué pone y dispone a su antojo en el club y diseña su futuro a la vez que se muestra ambiguo sobre su continuidad en el mismo? ¿Por qué ataca a la cantera, a los ‘niños’ de la casa, y los pone en el disparadero? ¿Por qué fichó para el Castilla a Mendes, ahora en
Portugal, y a un Fabinho que queda retratado cada vez que salta al césped? ¿Por qué esa cruzada con pesos pesados del vestuario, con símbolos del Real Madrid, como Iker Casillas o Sergio Ramos? ¿Y por qué su permisividad con jugadores que ya no dan o nunca han dado el nivel, como los portugueses Carvalho, al que le ha regalado una renovación innecesaria, y Coentrao, respectivamente? ¿Por qué, en definitiva, parece molestarle todo? ¿Por qué, señor Mourinho?; ¿Por qué?

El madridismo ha dicho “¡Basta!”. Así lo expresaron los espectadores que soportaron el discreto juego de su equipo ante un 2ªB como el Alcoyano este martes en el Santiago Bernabéu. Técnico y afición están en crisis. No es una ruptura definitiva, pero sí un alarmante “hoy duermes en el sofá”. O se aplica en las tareas del hogar o le acabaran pidiendo que haga las maletas, coja sus cosas y se vaya de casa.

Las inacabables polémicas levantadas por José Mourinho han terminado por colmar la paciencia de un sector del madridismo. A tenor de lo visto en el Bernabéu, una mayoría creciente no está dispuesta a pasar por alto tantas faltas de respeto y fallos del técnico de Setúbal. Como ya pasara en los compases finales ante el Athletic de Bilbao, contra el Alcoyano el estadio redujo con silbidos los vítores dirigidos a Mourinho desde el fondo sur. Los Ultra Sur siempre han encontrado en Mou un altavoz, y viceversa. Una simbiosis que no termina de extrañar a nadie: ambas partes frecuentan formas de proceder de más que dudosa categoría. El espejo y su reflejo, el personaje y su sombra. Tal para cual. Ante el Alcoyano los aficionados
radicales del club blanco trataron con ahínco que el Bernabéu se sumase a sus cánticos de apoyo al entrenador. Como un niño pequeño al que le quitan su juguete preferido por portarse mal, el fondo sur acudió a modo de pataleta al insulto al ver que la mayoría del resto del público no les secundaba. Bochornoso.

El madridista, que pese a todo sigue concediéndole a Mourinho una importancia y un valor incalculable en la labor de parar al mejor FC Barcelona de la historia y de disputarle de tú a tú todos los títulos, varía ahora su perspectiva: los fines no justifican todos los medios. La confianza en un entrenador con el historial y la ambición de Mourinho no se ha esfumado de golpe, ni mucho menos, pero ya no se tolera que se hable de todo menos de fútbol y que el Real Madrid esté en el ojo del huracán día sí y día también. Los resultados, además, no acompañan, lo que supone echar sal en la herida. Tampoco se acepta que Mourinho vaya otorgando medallas de madridismo, ni su distinción entre madridistas (quienes le dan la razón) y madridistas disfrazados (los que se la discuten).

El madridista es muy crítico. Así pasó en otras etapas con otros entrenadores y con los mejores jugadores del planeta. Y no por ello se fue más o menos madridista. Es totalmente desproporcionado que el aficionado blanco sea tildado de ‘disfrazado’ o de ‘pseudomadridista’ por el mero hecho de no asentir callado ante todo cuanto hace y dice Mou. Precisamente en este punto reside la grandeza del estadio más exigente del mundo: no vale cualquier cosa, ni de cualquier modo. Alguien debería inculcarle al luso estas características innatas, estas señas de identidad inseparables del condecorado como mejor club del s. XX para que cese, por fin, en su empeño de compaginar dos realidades paralelas, enfrentadas y que dividen a la masa social blanca: el Real Madrid y el Real Moudrid.

El madridista, aún así, quiere ganar y lo quiere hacer con Mourinho al frente. Pero no con este Mourinho. ¿Podrá moderarse el luso? Cuesta (y cansa) intentar entender cómo puede haber tantas preguntas sin respuesta, tantos desaires consentidos. Insisto en busca de una respuesta que temo que nunca llegará: ¿Por qué, señor Mourinho?

Artículos relacionados