Colo Colo se impuso a Católica por su convicción de cambiar
Ambos equipos rotaron el esquema acostumbrado, pero el Cacique manejó las acciones, tuvo las mejores ocasiones y aprovechó un penal regalado.

Colo Colo se quedó con el clásico y extendió su paternidad sobre Universidad Católica, el líder del campeonato que acaba de perder su perfección numérica y ahora comparte el primer lugar con su archirrival. En el Monumental, ambos cuerpos técnicos decidieron romper sus esquemas habituales y el local se quedó con la celebración.

La línea de cuatro de los albos se mostró firme y además generó peligro por los costados. Tanto Óscar Opazo como Gabriel Suazo supieron llegar a ínea de fondo y obligar el retroceso cruzado, mientras que la dupla compuesta por Matías Zaldivia y Juan Manuel Insaurralde no dejó que nadie los superara. Esa prestancia a prueba de todo se complementó con la seguridad del binomio Carlos Carmona - Claudio Baeza y con la jerarquía de los cuatro más adelantados: Octavio Rivero, Jaime Valdés, Esteban Paredes y Jorge Valdivia. Sin marcar grandes diferencias, el partido se quedó en Macul porque el control de las acciones siempre estuvo del lado de los coperos, que en cinco días se juegan la vida ante Delfín.

El Cacique abrió la cuenta gracias a un penal fantasma. Valdés avanzó varios metros, se sacó de encima a César Fuentes y Branco Ampuero alzó su pecho para impactar el disparo de Pajarito y desviar su trayectoria. Pero, sorpresivamente, Julio Bascuñán y su asistente Christian Schiemann cobraron falta y el 20 blanco, que dejó el rubio para retomar su color original en el pelo, no falló. El resto fue un desperdicio total de ocasiones. Rivero no dejó de probar, pero tampoco de errar el destino de sus intenciones.

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En el caso de la UC, la decepción fue total. Beñat, que aún no venció a Guede, optó por un líbero y dos stoppers y su zaga sufrió cuando quedó mano a mano. El español lo movió todo después: le metió compañía al solitario David Llanos, adelantó a José Pedro Fuenzalida y se encomendó a Diego Buonanotte, el único que aportó claridad. El surgido en River tiró un zurdazo al travesaño y otro par de remates a centímetros de la meta de Orion. Y nada más. Nadie siquiera le pateó al 1 en 90 minutos. El puntero cambió y el que lo escolta también, pero la diferencia fue clara: uno se arrepintió, tarde, y el otro mantuvo su convicción.

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