Balón de Oro: Los premiados más 'desconocidos'

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Pocos conocen el verdadero potencial o la figura de algunos de los Balones de Oro. Desde Sívori a Masopust, pasando por Albert, Yashin o Belánov.

Reservado únicamente a los más grandes del planeta y a aquellos elegidos, el Balón de Oro representa (ahora desde un punto de vista más comercial y mediático que romántico) el galardón más importante que un jugador puede cosechar a nivel individual. La lista de premiados hasta el día de hoy, contiene gran parte de los quilates del deporte rey con nombres que son historia viva a nivel mundial. Hay lugar para campeones del mundo, de Europa y para auténticos mitos que incluso lograron repetir galardón, pero también hay los ‘humildes de oro’. Un selecto grupo de privilegiados que aún hoy mantienen la esfera brillante encima de sus televisores, alejada del glamour, torpedeada por los críticos y que atestigua la calidad real de su ganador, más allá de que éste, no lograra trascender a nivel global. Son los ‘Balones de Oro’ olvidados.


OMAR SÍVORI (1961 - JUVENTUS)


Fue uno de los primeros iconos mundiales en compartir una doble nacionalidad (italo-argentino, siendo además internacional con ambas), que a posteriori generó debates entre ambos países y que abrió la veda a más casos. Se trataba de un jugador con mucha capacidad de llegada, pues sin ser delantero, sí lograba aparecer constantemente en zonas de remate, aunque su especialidad era driblar y gambetear, pues esta denominación de ‘potrero’ encontró su nacimiento a raíz del juego canchero de Sívori. Menudo (sólo medía 1.63), aprendió solo el oficio, como los grandes artistas de la época, pues cuando llegó a las inferiores de River Plate, lo situaron rápidamente en generaciones de mayor edad. Fútbol fresco, libre, espontáneo, de un chico pícaro al que tras un show en la Bombonera ante Boca, empezaron a llamar ‘Cabezón’. Antes de exportar su fútbol a Europa, formó junto a  Corbatta, Maschio, Angelillo y Cruz, una legendaria línea ofensiva que pasó a la posteridad con el sobrenombre de los “Carasucias de Lima”. Espectáculo, velocidad y gol, que les llevó a ganar el título y a llamar la atención de los clubes de Europa. Sívori acabó en la Juventus para ganar Tres Scudettos y dos Coppas, pero también para actuar de lobo solitario fumando cigarrillos y bebiendo en las noches turinesas sin control. Dio un giro más hacia Nápoles para abrir la veda de argentinos gloriosos con San Paolo.


JOSEF MASOPUST (1962 - DUKLA PRAGA)


No tenía un físico especial pero, consciente de ello y con una señera capacidad de sacrificio, se preparaba a conciencia cada invierno en las montañas checas. Retirado de la ciudad y con la mente liberada. Él, mejor que nadie, sabía que cuidando su medio de trabajo y perfeccionando en la concentración, no le iban a faltar coronas (moneda checa) que llevarse al bolsillo en una Checoslovaquia sumida en la ausencia de la democracia liberal. Su fútbol, en constante estado de nerviosismo por la tensión y énfasis de cada uno de sus enérgicos movimientos, parecía tomarse un respiro cuando se pedía la frialdad del último pase, una cualidad que le hizo prodigioso. Su inteligencia y saber estar, unido a su llegada y buen disparo, le hacían lucir entre la jocosidad de quienes le disfrutaron. Su carrera fue larga producto de su mentalidad pero nunca recibió el reconocimiento que merecía pues los comunistas checos le impidieron en varias ocasiones abandonar el fútbol nacional. Pese a formarse en el modesto Baník Most, el Teplice lo hizo debutar al máximo nivel con 19 años. Dos después, firmó por el Dukla Praga, donde se hizo grande y al que representa en toda su extensión. Allí vivió los mejores recuerdos del fútbol checo, donde más allá de los ocho títulos ligueros, logró alcanzar semifinales de Copa Europa 67 (cayó ante Celtic campeón). Organizador, recuperador y maestro del dribling (arte que le hizo singular), jamás huyó de su sueño, llegar a una final mundialista, algo que logró en 1962. Pese a perder 3-1, su caché ya era imparable y recibió meses después el Balón de Oro. El primero en la historia para el fútbol del este. El Primero de los checos.


FLORIAN ALBERT (1967 - FERENCVAROS)


Fue el primer ‘One Club Men’, pues toda su carrera se la pasó en el club de su corazón y sus amores, el Ferencvaros húngaro. Su carrera marchó con forme a los pasos de su país, una Hungría devastada tras la revolución de 1956. Antes de ello, los húngaros tenían la mejor selección europea de momento y aunque sus compañeros de generación acabaron saliendo del país rumbo a experiencias europeas, Albert decidió hacerse grande con los suyos y no abandonar. Sólo tenía 17 años cuando debutó con la selección y ya en su primer partido, atormentó tanto a los defensas que dio dos asistencias y se convirtió e icono nacional. Era un delantero adelantado a su época pues tenía capacidad de remate, un control técnico enorme, impresionante arranque en velocidad y, sobre todo, un instinto para los pases, para mediar sus asistencias que se convirtieron en ‘regalos’. Ya conocido como ‘Emperador’, fue máximo goleador en el Mundial del 62 y formó parte de los míticos ‘Mágicos Magyares’. Fue Bota de oro en 1963 y el año de su Balón de Oro, 1967, venía de ser dos veces elegido jugador del año en su país, que hace apenas cuatro meses, se echó a las calles a llorar su muerte. La de su único Balón de Oro.

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LEV YASHIN (1963 - DINAMO MOSCÚ)


Comenzó siendo portero de hockey en el equipo de la empresa en las que trabajaba durante la Segunda Guerra Mundial pero justo antes de convertirse en mayor de edad, lo llamaron para suplir al portero del equipo de fútbol (lesionado). Nunca más volvió al hielo. Durante 22 largos años no conoció otro club ni tampoco otro país, convirtiéndose en el auténtico primer mito futbolístico del gigante, entonces URSS. La ‘Araña Negra’ era un súper-héroe sin límites bajo palos. Portero aseado, que creó escuela y que era simplemente un adelantado a su época. Su imponente figura y elegancia, le hacía letal en su área, donde dejaba agilidad, reflejos y rapidez para la galería. Peron que incluso rompió las posteriores reglas tácticas pues era un enorme especialista con la pelota en los pies y en incontables ocasiones actuaba adelantad como si de un líbero se tratara. Sabía sacar con la mano hasta el mediocampo y facilitaba así las contras de su equipo, pero también sabía fumarse un cigarrillo con un vodka helado justo antes de saltar al césped: “Un cigarrillo para calmar nervios, y luego, tomar vodka para tonificar los músculos”, decía. Logró 1 medalla de oro del campeonato soviético de hockey sobre hielo, 5 medallas de oro, 5 de plata, 1 de bronce por los Campeonatos de fútbol de la Unión Soviética y 3 Campeonatos de la Copa Soviética. Y, por supuesto, la Eurocopa del 60, la primera de a historia, así como participar nada menos que en tres Mundiales. Sus cifras son escandalosas porque, por ejemplo, paró 150 penaltis en 812 partidos disputados. Todo ello se aprecia ahora en la estatua de bronce junto al estadio del Dinamo, que pasó a ser de oro con su reconocido Balón en 1963, el primero que recalaba en un portero.


IGOR BELÁNOV (1986 - DINAMO KIEV)


No fue chico de titulares ni profesional de grandes gestas pero sus habilidades, muchas y muy valoradas, encontraron su momento más dulce en 1986, donde explotó su velocidad y arrancada como nadie y que en apenas unos meses, lo llevo al estrellato mundial. Por entonces, formaba delantera con Blokhin (también Balón de Oro años antes) y Zavarov, con los que conquistó para el Dinamo ucraniano la Recopa esa campaña. Belánov no era especialmente técnico ni habilidoso pero su puesta en escena a la hora de retar a los contrarios en pruebas de velocidad, era un espectáculo. Y en el año que Maradona asombraba en México, la ‘Bala de Odessa’ marcó tres goles en un partido mítico ante Bélgica en el mismo suelo. Y todo lo que aquél año le entregó con ese Balón de Oro por delante de Lineker y Butragueño, se lo arrebató dos años más tarde. Un penalti errado ante Holanda lo aplastó, dejandonle mermado de por vida y teniendo que regresar a Odessa para limpiar su preciado galardón, el más humilde de todos los que la lista de ‘estrellas’ mundiales.

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