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Pep Guardiola llevó al Barça a lo más alto y ahora lo intentará con el Bayern Munich.

Pep, un obsesivo de la estrategia

Pep Guardiola llevó al Barça a lo más alto y ahora lo intentará con el Bayern Munich.

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"Para ser entrenador hay dos cosas que me motivaron: la táctica y el intentar convencer a los jugadores" - Josep Guardiola.

  Luciano Román Garzo
  Redactor
  Goal.com Argentina
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Desde que Manuel Estriarte, íntimo amigo, lo presentó, una ovación bajó desde los distintos sectores del Gran Rex ante la aparición de Josep Guardiola. Él tenía la intención de hablar, pero las más de 3 mil personas que colmaron el teatro no lo dejaban, no por falta de educación sino porque había una necesidad imperiosa de demostrarle la adoración extrema que el pueblo futbolero tiene para con él.

“Le tengo que dar las gracias a Cesar Luis Menotti y a Marcelo Bielsa”, fue lo primero que aclaró Pep Guardiola, que de paso aprovechó para desmitificar la condición de erudito del fútbol y simplemente, con una grandeza admirable, aseguró que él fue robando ideas, las puso en una trituradora y elaboró una propia.

Como él mismo lo contó, desde los 15 años escuchó en los pasillos de La Masía que los delanteros son los primeros defensores y que los habilidosos tienen que jugar por las bandas y los cerebrales por el centro. Al parecer, algo de razón tenían Cruyff, Menotti y hasta Laureano Ruiz, el que implantó este juego en el Barcelona.

La pasión con la que habla deja en claro que el fútbol es su vida o, mejor dicho, la vida. Y aunque este deporte al nivel más profesional deje millones, Guardiola está ahí por algo mucho más importante: su fascinación por el juego. Es estratega al punto tal que el placer no se lo dan las goleadas ni las copas, sino convencer a sus jugadores de que sucederá lo que él les planteó días antes de cada partido y que podrán resolverlo de la forma que él mismo les mostró.

Desde pequeño tenía esa obsesión por la pelota, por poseerla siempre y no dársela nunca al contrario. Ese egoísmo sano lo llevó a ser lo que es hoy, a que sus filosofía sea arriesgar en defensa para tener un hombre más que el rival en el medio campo, zona que considera fundamental para gestar el juego ofensivo. Lo que le importa es “el como” y no “el que”, porque hay miles de formas de ganar en el fútbol y cada técnico tiene la suya, pero la que desplegó el Barça bajo su dirección técnica fue lo más cercano a la excelencia que alguna vez se haya visto en la historia de este deporte.

Su sencillez al hablar se contrasta con lo sofisticadas que son sus ideas. Él no sacó a Messi de la banda izquierda porque sí. Se dio cuenta que tenía al mejor y no lo estaba explotando lo suficiente, por eso lo corrió al medio, porque sabía que los centrales del equipo contrario no dejarían un hueco en el fondo para impedir que el 10 recibiera. Uno tras otro, fueron cayendo vapuleados, hasta que los técnicos que no se resignaron a ser goleados consumieron días enteros encerrados analizando videos y comenzaron a cerrarle los caminos a Messi.

Como buen ajedrecista, Pep le dio otra vuelta de rosca a su sistema y simplemente puso al cuarto defensor como centrodelantero. ¿Locura? Para nada. Tener tres en la última línea es un riesgo, pero tener cuatro en el medio contra tres rivales es una delicia para un técnico cuya idea se basa en forzar superioridad numérica en todos los sectores de la cancha.

Su conocimiento no entra en una suma considerable de caracteres, pero sí una pizca de su fanatismo por la incorporación constante de conocimientos que luego serán aplicados. Llenó un teatro. Llena estadios. Y, lo más importante, llena el alma de los amantes del fútbol total.

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