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Muchos son los calificativos que se han gastado a través de los años para los distintos "escándalos" de nuestra clase dirigencial pero poco cambia con el tiempo.

Una remozada versión del baile de los que sobran, en remix futbolero, es la que nos entrega esta semana (y nuestra historia en el fútbol en realidad) la Asociación Nacional de Fútbol Profesional. Pareciera claro, a juicio de quien escribe, que  la calidad del espectáculo, el respeto hacia el hincha, la visión más allá del negocio inmediato, la satisfacción del ego o intentar evitar el eterno y excluyente  “y que gano yo con esto”, no son tema para los presidentes del fútbol chileno y las empresas a las que representan.

Para mí al menos discutir sobre si el fútbol profesional es o no un negocio (o una actividad comercial si se quiere) no tiene mucho sentido. Las evidencias demuestran hace rato que lo es. Las transferencias no se hacen con fichas de ludo ni con “porotos”. Las peleas tampoco son filosóficas o retóricas, son por las "lucas" que genera el negocio y como las repartimos o despilfarramos.

 ¿A dónde voy con todo esto? Al final, y una vez más, los espectadores, los hinchas, o cualquier persona que vea las noticias está sobrando. Se hace y se deshace sin ninguna consideración que vaya más allá de la “comisión”, “bono”, “utilidad”, “margen” o el nombre que quiera ponerle a los intereses de las instituciones y sus dirigentes de turno.

En definitiva, creo que en el balance “macro” de este “commodity” que es el fútbol conceptos como la vergüenza y la credibilidad están sobrando. El fútbol chileno jamás fue un ejemplo de orden o compañerismo, sin embargo, en lo que si logra ponerse de acuerdo es en hacer siempre (o casi siempre) su mejor esfuerzo por ser aún más “charcha”, pequeño, julero y poca cosa respecto al balance anterior. Y no hablo de números ni estoy satanizando al mercado. Los números no definen la calidad de los actos o las personas.

Me hago cargo de cada uno de los juicios que acabo de hacer. Pueden estar equivocados, y quisiera que así sea pero no puedo más que sentir molestia por el desprecio que se hace en el fútbol de los “consumidores-hinchas” que son, en definitiva, los que mantienen viva la actividad en los niveles de impacto que tiene un organismo como la ANFP.

Acá preocuparse por la imagen hacia el cliente vale hongo, lo que importa es cuánto me toca y cuanto te puedo sacar, total los hinchas se dan por descontado sin importar lo picante que sea el circo montado. Mientras haya plata por la que pelear el resto es irrelevante, los que pagan entradas o canales de cable ya están cautivos, para que preocuparnos de darles algo medianamente decente, no importan, están sobrando.

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