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Querido en las alzas, ninguneado en las caídas el último de los ranking FIFA coincide, en su caída, con la imagen que está dando hoy nuestra "familia del fútbol".

No son buenos días para la “sensación ambiente” del fútbol chileno. Y no hablo de la calidad o no del juego sino justamente de todo lo que queda afuera de la cancha. Árbitros exonerados culpan a sus ex colegas de corrupción, el sindicato de futbolistas acusa al presidente del fútbol de presiones para firmar planillas no pagadas, y José Yuraszeck delata malas prácticas de ex jugadores azules que amenazaban con lesionarse si no eran transferidos.

En eso, FIFA actualiza su ranking de selecciones y la noticia es que la nuestra, La Roja, va en descenso y se aleja de la “elite” en la que (con mayor o menor razón) creíamos estar aunque fuera por un tiempo.

Sabíamos que más temprano que tarde se nos acabaría el “veranito de San Juan” vivido en la clasificatoria anterior pero el porrazo llegó de golpe, sin anestesia y sin eufemismos. No es sorpresa la caída en el ranking porque se acabó - a juicio de quien escribe- el “vuelito” de un periodo en que quisimos y pudimos creernos algo que no somos, es decir, una parte de los elegidos, no uno más del montón.
 
Sin ánimo de parecer como experto en sociología ni dar cátedra sobre nuestra cultura, tengo la impresión de que los chilenos vivimos con una constante necesidad de reconocimiento o carencia afectiva en lo futbolístico. Una vez que de alguna manera lo logramos nos boicoteamos solos. No sabemos manejar los buenos resultados que se puedan conseguir.

Nacida, tal vez de la publicidad de la apertura comercial, de la mayor exposición que significan las redes sociales o la presencia de compatriotas en el extranjero nos creímos importantes para el resto pero hace ya bastantes meses se nos confirmó algo que sospechábamos pero, por ahí, no pudimos ver patente: las veces que destacamos son la excepción, no la tendencia.


¿Demasiado negativismo? ¿Exageración?: La verdad es que cuando uno siente, asiste, ve que las cosas pueden ser mejor que la costumbre, duele volver al lugar de siempre. Que cayera Chile en el ranking FIFA no es noticia, que por unos años pudiéramos romper  nuestra propia desorganización sí lo fue. Por eso lo disfrutamos, por eso se llenó de comerciales y auspiciadores, por eso la empresa de indumentaria pagó las cifras que desembolsó por vestir a la Selección Chilena y las cadenas de televisión se pelearon por los derechos de transmisión con los valores históricos que se gastaron.


“Ah pero si esto siempre pasó” Sí y ese es quizás el problema, pero -para mi al menos- hubo un tiempo en que afortunadamente no era lo principal. Hoy estamos de vuelta a nuestra programación habitual, disparándonos en los pies y prometiendo “investigaciones” sobre los problemas que -por un tiempo demasiado corto- pudimos olvidar gracias a lo que pasaba en la cancha.  

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