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La pelea en el Monumental, el lío en Chelsea...Cuando el fútbol pasa a ser de todo menos fútbol

La pelea en el Monumental, el lío en Chelsea...Cuando el fútbol pasa a ser de todo menos fútbol

Agresión a guardias de seguridad / Imagen twitter @chelitoendelli

La pasada jornada acogió diversos incidentes a nivel nacional e internacional que han provocado que los términos “violencia” y “racismo” vuelvan a ser asociados al fútbol

Esto no es fútbol. Definitiva y rotundamente no, señoras y señores. Esto, de hecho, no es nada más que basura. El espectáculo dantesco al que los amantes del fútbol han asistido casi involuntariamente a lo largo de este pasado fin de semana ha sido tan vergonzoso que, desde el más alto ‘jefazo’ de traje y corbata hasta el más humilde telespectador de sillón, pantuflas y mando a distancia en mano, no pueden hacer oídos sordos.

El fútbol, o así nos lo enseñaron a muchos, y perdonen que les hable desde la propia experiencia, no tiene nada que ver con esto. El fútbol, “¡Pasión de multitudes!”, tal y como lo bautizó el ya fallecido Andrés Montes, maestro de maestros, es mucho más que eso. El fútbol es ese loco y disparatado cajón desastre en el que tienen cabida todo tipo de pasiones, de historias únicas e irrepetibles. El fútbol es ganar, celebrar e incluso vacilar. El fútbol es vibrar, debatir y hasta discutir. Todo ello, claro está, con mucha tensión, pero respetando ciertos límites que por desgracia se vienen rebasando con creces desde hace demasiado tiempo. Porque el fútbol también es historia, respeto, honor y señorío, sobre el que tan frívolamente se viene hablando últimamente. El fútbol es llegar a casa con mil problemas en la cabeza y encender la tele para ver a tu equipo, girar la ruedecilla de ese antiguo transistor al que tanto cariño le tenemos, enfundarte la camiseta del club de tus amores y permanecer impasible durante 90’ únicos de disfrute, sufrimiento y espectáculo. Y al día siguiente, gane o pierdan los tuyos, prepararte para esos debates que acechan en cualquier lado: el bar en el desayuno, el metro yendo a trabajar, en la facultad, o en casa.

Este fin de semana, inmersos en este trance recién descrito en líneas superiores, los futboleros de dentro y fuera de España se vieron abofeteados por una cascada de sucesos inadmisibles y vergonzosos: desde el entrenador que presuntamente habría llamado “Moro de mierda” a un jugador rival, al árbitro que parece haber proferido un insultante ‘Spanish twat’ (español gilipollas) a Juan Mata, pasando por los recuerdos a la señora madre (qué culpa tendrá la mujer) y a la nacionalidad del portugués más famoso del fútbol mundial y acabando por lanzamientos de vigilantes de seguridad por las gradas del Monumental en el clásico por excelencia del fútbol argentino, River-Boca. Al releer este párrafo sería más que lícito pensar que se está haciendo referencia a un argumento de película de acción o terror más que a un suceso real. El ser humano ha llegado a un punto en el que va a un estadio para acabar tirando a otros semejantes pisos abajo. Surrealismo puro y duro.

Ya está bien. Ya está bien de consentir y consentir. Se ha de parar con carácter de urgencia todas estas tonterías o, más pronto que tarde, habrá que aguantar que unos descerebrados se sirvan de lo más bonito del mundo, como es este deporte, para agredir, para hacer apología de un sentimiento político, para exhibir su homofobia o su racismo. Actitudes que manchan el fútbol, que lo rebajan a la altura del betún. Se ha de cambiar ya el rumbo, antes de que nuestros pequeños empiecen a tomar vicios así y antes de que esto acabe siendo más insano que otra cosa.

Se ha de utilizar, en definitiva, este cajón desastre para unir alrededor de todas las cosas que engrandecen el fútbol a todo aquel que quiera estar dentro, sin diferencias ni excepciones. Porque eso, simplemente eso, es lo que más especial lo hace. Sí, eso: ése poder de cohesión que pocas o ninguna otra actividad de ocio, deporte o afición puede conseguir. No dejemos que un grupo de salvajes manchen esto.

Que siempre nos quede el fútbol bueno, el de verdad, el de la rivalidad con respeto, el de los sueños, el de los sentimientos bien encauzados, el que se disfruta con la mejor compañía. Y, por supuesto, que se acabe esta basura en la que se convierte este show cuando el Fútbol pasa a ser de todo menos fútbol.

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