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La reciente incopororación de Emilio Hernández a Colo-Colo suma un nuevo caso a los jugadores que con pasado en su archirival no se molestaron en cambiarse de vereda.

Todo jugador tiene derecho a cambiarse al equipo que quiera, ya que, están asegurando su futuro.
Ese es un argumento que ha sonado bastante en el último tiempo y divulgado con mucho bombo en las redes sociales. Y no sólo en el caso de Hernández. La reciente polémica de Roberto Gutierrez o Cereceda también tuvieron debates parecidos.

Lo que acompaña a esta idea es que el jugador de fútbol profesional es un trabajador común y corriente, que se debe a su trabajo con responsabilidad y que tal como cualquier profesión u oficio tradicional ante una oferta mejor de una empresa debe salir corriendo.

Hasta ahí, perfecto.

El problema con el argumento es que considera al fútbol como un trabajo como cualquier otro. Sin embargo el fútbol es algo totalmente distinto a lo que podríamos llamar un trabajo tradicional. Primero porque para ser futbolista hay que ser de relativamente bueno para el fútbol hacia arriba y segundo que para serlo da lo mismo la PSU, el NEM o las becas que te ganaste por ser mateo en la escuela.

La segunda parte considera que el tipo no tiene como ganarse la vida.
En el caso de Hernández (O de cualquier otro ejemplo que se le venga a la cabeza) no estamos hablando de un jugador de tercera división que ganará el mínimo. El "choro" Emilio no trabajaba de cargador en la vega ni tampoco tiene un almacén afuera de su casa aparte de jugar a la pelotita. Se dedicaba al fútbol el 100% del tiempo.

Además gana lucas, muy buenas lucas. Y la mayoría de la plata que ganó, la ganó por la carrera que hizo en la Universidad de Chile. La que le permitió no sólo consolidarse en su primera etapa, sino que también jugar fuera, donde también ganó buenas lucas.

Y la tercera y quizás la más importante tiene que ver que acá hay un montón de emoción detrás de cada camiseta.
El fútbol es una actividad donde el fanatismo y el amor por los colores es el real sustento de cada institución. Por eso no es cosa liviana que un jugador que formaste, que besó tu camiseta y se subió a la reja diga de un día para otro, oqueí, ahora soy del archirival.

Ahora algunas preguntas para cerrar el tema:

Señor contador:
¿Un niño le ha pedido un autógrafo afuera de su oficina?

Señor Vendedor de tiendas por departamento:
¿Cuántas camisas usan sus compañeros de trabajo con su nombre en la espalda?

Estimado Publicista:

¿Cuántas veces lo saludaron en la calle y se sacaron una foto con usted?

Señor Conductor del Transantiago:

¿Se fue ovacionado por sus pasajeros cuando se bajó de la micro?

A diferencia de cualquier otra profesión el fútbol es el fútbol. Y esos son sólo algunas de las cosas que rodean y que lo hacen totalmente diferente a un trabajo normal. Por suerte, la mecánica de cualquier trabajo aún no se a apoderado aún al ciento por ciento de este deporte y para cuando eso pase tendremos que considerar un nuevo deporte favorito, como el Ludo por ejemplo.

¿Y tú que crees?

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