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Nuestro mochilero vive un sueño en Brasil. Todavía no cree que estamos en la final y advierte en la lluvia el augurio de algo grande. No es tiempo de discusiones tácticas.


Nacho Catullo
Mundial de mochila
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Ya no se puede más. Todavía falta una eternidad para la final. Argentina definirá un Mundial y yo tenía siete años la última vez. Sólo queda en mi memoria el debut ante Camerún –repito, se fala camarões– y haberme escondido, con mi hermano, detrás del sillón del departamento de Rodríguez Peña cuando Diego tuvo que patear el penal frente a los italianos.

A esa edad ya era hincha de Gimnasia pero no me importaba el bilardismo. Ahora, respeto a Sabella, pero no disfruto de cómo juega el equipo sino solamente de que gana. Es una situación límite y está Messi, mi Dios, entonces no reniego de ello. Pero seamos buenos. Los no bilardistas –y esto no significa ser menottista, sino, por ejemplo, bielsista- seremos sabellistas por unas semanas, y este equipo, gane o pierda, será duramente criticado por la forma de jugar en todos los rincones del planeta.

Si fuésemos Uruguay, nadie diría nada. Pero de algunos jugadores se esperaba más y todos sabíamos que en las difíciles el entrenador no sería muy ofensivo. Sin embargo, Argentina es uno de los equipos que más atacó en la Copa y casi no le patean al arco. Pero basta. Ya tendré tiempo para entender qué está pasando. Ahora la lluvia no me deja pensar.

Llueve con bronca. Llueve como si algo importante estuviese por suceder. Llueve como si todo fuese a ser distinto después de la lluvia. Llueve y no para. Llueve y se moja mi único par de zapatillas. Llueve y parece de noche. Llueve hasta la noche. Llueve hasta tener sueño. Llueve y te despierta la lluvia. Llueve y no puedo ir a correr.

Me tiemblan los músculos. El bíceps femoral izquierdo está duro, molesta. Es tanta la tensión. Asoma el orzuelo. La lengua está ampollada. La cintura resiste como puede el sofá-cama. Imaginate los pibes que están en carpa. Hace 40 días que vivo algo que nunca pensé fuese a ocurrir. No quiero que se termine. Quiero seguir sufriendo. Quiero seguir llorando. Quiero festejar una vez más.




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