thumbnail Hola,

Nuestro columnista reflexiona sobre la revolución que provocó Diego Simeone en el Atlético de Madrid campeón de la Liga española y finalista de la Champions League.

Era de imaginar que el Atlético de Madrid se plantara de igual a igual con los poderosos. Ya venía codeándose con ellos y seguía con una línea de conducta. El Cholismo estaba haciendo flexiones de brazos, mientras Ancelotti y un tal Martino ni siquiera conocían los campos de entrenamiento del Madrid y del Barca, respectivamente.

De ahí a pensar que atacaría hasta el final, ya era más osado. Ir hasta la casa del Barcelona y terminar festejando en su campo de juego era inimaginable.

Pasó: este Atleti rompió todos los pronósticos. Imponente desde los números y desde el juego. Si empezamos por el final, nos encontraremos con un buen resumen de su temporada. Se fue al vestuario en el Camp Nou luego de un primer tiempo bajo, perdiendo 1 a 0 y con dos de sus baluartes rotos, sentados en el banco, y, lo que es peor, llorando. Parecía el final. Diego Costa y Arda Turan, lastimados. Sus lágrimas se llevaban los sueños del mundo rojiblanco. ¿Cómo pensar en una recuperación? A Diego Simeone le bastaron quince minutos para convencer a sus guerreros. Salieron al segundo tiempo y en veinte minutos ganaron la Liga. Pusieron a Messi y compañía a correr, tiraron un tiro al palo, miles de centros y un cabezazo de Godín para romper a Pinto: 1 a 1 y el Atlético de Madrid se consagraba campeón después de 18 años. Con el Cholo, como aquella vez. En 1996, de jugador; en 2014, como entrenador.

El planeta fútbol se conmovió ante un hecho que parecía inalcanzable. Alguien no muy acostumbrado a ganar, ponía de rodillas a Barcelona y a Real Madrid.

El objetivo que traza Simeone es fundamental. Cada partido es una final. No hay nada más allá de eso y se trabaja pensando que esos 90 minutos son los últimos y los más importantes. No importa el rival. De Betis a Zenit, de Celta a Milan, de Real Madrid a Barcelona, todos son oponentes de turno en igualdad de condiciones, no hay diferentes niveles de motivación según su status. Ahí la clave. El famoso “partido a partido”. Hasta Sabella, con tantos años y aprendizajes, se decidió a aferrarse a este mensaje. En la previa a empezar a trabajar para el Mundial con la Selección, y consultado sobre cuál sería su futuro, dijo que estaba listo para tomar una idea de Simeone. Pensar en el próximo entrenamiento y en el partido de Bosnia, nada de perder tiempo e imaginarse cosas del futuro. Paso a paso.

Eso sí, lo que parece muy difícil en ese “día a día”, es mantenerse siempre a tope. Simeone lo logró, entonces consiguió el máximo rendimiento de cada jugador en la mayoría de los partidos. Todos están siempre al máximo. Metiendo y jugando. Como futbolistas vestidos de obreros para construir, constantemente, un equipo sólido, impenetrable y demoledor.

El Atlético de Simeone fue sintiéndose cada vez más dominador del juego y, en estos tiempos, es el que manda. Si espera, si te consume en el centro del campo o si ataca, es una decisión propia. Ahí una clave del crecimiento de este equipo: lo que decide hacer en el juego, se hace. El rival queda sometido y de rodillas ante el convencimiento de once guerreros que profesan de manera perfecta un plan determinado. El Aleti manda. Te espera, te presiona, te come, te consume, te ataca, te cansa, te gana y ya te aplasta. Nadie quiere enfrentarlo. Se volvió un verdadero dolor de cabeza para los rivales.

Todavía queda la final de la Champions. Espera el Madrid y sus ganas de llevarse la décima Copa. Habrá una final entre rivales de ciudad. Los de Simeone recibieron otra carta más de motivación  en estos días: el Dios Cholo se queda. Nada de utilizar la excusa de que más no se puede conseguir, como haría la mayoría en estos casos, para cambiar de aires. Simeone habla de crecimiento, de que no se para de subir en la escalera rojiblanca y siempre hay más objetivos. Uno de los clubes que escuchó su “no quiero” fue Manchester United, agradece Van Gaal.

Una vez les conté lo del escudo en la camiseta que me dijo el mismísimo Kiko en la Copa Confederaciones. Que el Cholo debería ser el nuevo escudo del Atleti. Como vamos, Kiko estará diciendo que ya tendría que figurar hasta en el nombre del club. Algo así como “Atlético Cholo de Madrid”. Nada mal, ¿no?

Artículos relacionados