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Después de la victoria blaugrana en el derby ante Real Madrid, Ariel Rodríguez analiza el rendimiento del equipo de Gerardo Martino, que tuvo al brasileño como principal figura.

 Ariel Rodríguez
 Columnista Goal
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Otra versión del Clásico. Atrás quedaron esos partidos espectaculares de propuestas de juego distintas, uno con la pelota atacando y el otro esperando y explotando en velocidad. El primer choque entre Martino y Ancelotti fue un tablero de ajedrez con demasiados cuidados de los dos lados. Y así salió: partido apagado, cerrado y con poco margen para el brillo de las estrellas.

El Barcelona ya entró en otra dimensión. El sello del Tata lo lleva a mostrar varias caras durante los noventa minutos. Empezó con su clásica tenencia de balón pero con pocas posesiones largas. Los ataques directos no le dan tiempo a su rival a acomodarse, evitan los bloques defensivos cerca del área y ponen a los delanteros a jugar mano a mano con un defensor rival. Toque corto con Xavi, Iniesta y Fábregas marcando el ritmo, y de repente un pase largo para el brasileño. Jugada preferida del Barça del Tata que terminó en el primer gol: balón para saltear a los mediocampistas rivales, desde los centrales hasta posición de once, Neymar invitó a Iniesta a asociarse y hacer el dos-uno con Carvajal para aprovechar la sabiduría del crack brasileño en el momento de la definición. Toque preciso con piernas blancas encima para que el arquero no pueda ver, toque al palo más lejano de Diego López y 1 a 0. Se sabía que Carvajal iba a quedar expuesto ante la gambeta de Neymar y el brasileño terminó siendo la figura del partido.

El Madrid no cambió a pesar de ir en desventaja. Postura de espera en su campo, Sergio Ramos como un defensor entre los dos marcadores centrales, y con un rombo para quebrar el armado de juego del Barça. Bale y Modric en las puntas, Di María y Cristiano en los costados. Rombo cerrado para molestar a Busquets y Xavi, sin presión agresiva pero ocupando espacios por los que el Barcelona empieza a adueñarse de los partidos. No dio resultado, cuando el Barça quiso tocar lo hizo. Xavi, por momentos, e Iniesta, volvieron a ser directores de orquesta en esa primera parte. Pero, el toque, que tanta satisfacciones dio, hoy se alterna con ataques directos, entonces el dominio no es pleno. Este equipo de Martino aprendió que queda muy expuesto si pierde la pelota en zonas de ataque con todo su equipo avanzado. Si va directo y la pierde, hay redes de protección y el equipo no queda tan jugado. Esa teoría brilló ante el Madrid. Sólo una vez los de Ancelotti tuvieron espacios para mostrar lo que mejor saben hacer. Justamente, en el gol. Messi la perdió en ataque con sus compañeros subidos, Cristiano aprovechó espacio, velocidad y pase al vacío para dejar a Jesé de cara a Valdés. Martino y todos sabemos que así lastima el Madrid al Barça. Tomó sus recaudos y avisó a los suyos. Ese no fue el único pedido en el orden defensivo. Y aquí llegamos a uno de los puntos más criticados al entrenador argentino.

En el segundo tiempo, el Barcelona entregó campo y pelota al Real Madrid. Esperó y contragolpeó. Así jugó contra el Rayo Vallecano el día que perdió la posesión de pelota después de 5 años. Como si fuera el Madrid: esperar, presionar y darle vida a la velocidad de Neymar y Messi. Y a la de Aléxis Sánchez, que por eso entró en el segundo tiempo. Primero tocar, desgastar y después replegarse y explotar en velocidad. Esta vez, a Martino le dio buenos resultados pero cuesta ver al Barcelona desentendido de la pelota y jugando muy cerca de Valdés. Entregado al contragolpe. Porque deja de hacer lo que más sabe, lo que lo llevó a ser el mejor equipo de la historia: tocar.

¿Realmente Ancelotti pensó que Bale ya estaba para jugar? ¿O fue un pedido? La historia del Real Madrid no permitiría dejar en el banco, ante la mejor pantalla mundial, a un jugador por el cual pagó cien millones de euros. Tiene que estar en las fotos del Clásico aunque no pueda moverse, porque, en definitiva, hay que seguir vendiendo sus camisetas. El galés llegó con la Liga en marcha, sin pretemporada y sin hablar español. Todo un desconocido al cual no le pasan la pelota. Entendible, toda adaptación lleva su tiempo. El culpable no es él.

Los blancos jugaron otro segundo tiempo. Con pelota, de protagonistas, con presión más activa, definitivamente, otra cara. En tal caso, fue una especie de “si el rival me deja la pelota, voy a atacar”. También cuesta entender que este Real Madrid necesite una invitación para ir a buscar el arco rival.

El cambio hizo temblar al Barça. Valdés se lució, el travesaño sacó un remate de Benzema, el árbitro no entendió como penal una infracción a Ronaldo, el empate estaba cerca y ya era merecido. Pero, el destino le dio unos minutos más al nuevo Barça del Tata. Y fue a su favor: el contragolpe, el salir con espacios, encontró en Aléxis Sánchez un protagonista de lujo. Vaselina deliciosa a Diego López y Clásico terminado. En el mejor momento del Real Madrid, el Barcelona marcó el segundo gol.

Ya no había tiempos para cambiar las cosas. Sólo para demostrar que si el Barça la pierde en ataque puede quedar regalado a los oficios del rival. Demasiado para este Madrid que en ese terreno se abusa de todos. Cristiano en velocidad y Jesé solo para quebrar a Valdés. 2 a 1, resultado más cercano a lo que mostraron los dos equipos. Aunque, si el Madrid empataba, nadie hubiese dicho que el marcador no estaba bien.

Clásico distinto a las últimas versiones. A los dos se les notaron las precauciones. Resultado, más que juego. Para el Madrid será difícil remontar. Y si Ancelotti no encuentra rápido el equipo y el estilo de juego, tendrá una Liga para sufrir. Bale no puede jugar en ese estado, Isco pasó de ser comparado con Zidane a mirar desde el banco, Benzema recibe todo el apoyo pero no juega en el mejor partido posible, tres delanteros o dos, demasiadas dudas después de tanto tiempo recorrido.

Para el Barcelona, todo es positivo. Martino va cambiando el sello Pep y los resultados lo acompañan. Neymar ya es figura, Xavi vuelve, de a ratos, a ser director de orquesta, Iniesta surge cercano a su máxima dimensión justo en el Clásico, está volviendo Puyol y sigue mandando en la Liga. Ni siquiera necesitó de un buen Messi para ganarle al Real Madrid. La única duda, es si el dejar de tocar y entregar la pelota al rival, le seguirá dando buenos resultados o lo sufrirá en momentos clave de la temporada. O en tal caso, si seguirá siendo tan placentero verlo jugar. Aunque todavía sigue en una etapa de conocimiento, adaptación y crecimiento con Martino. Por eso, este triunfo vale mucho más que tres puntos. Con cada victoria, es más fácil ir buscando la madurez de un equipo. Y en eso está el Tata.

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