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Con mayoría de argentinos, el Maracaná vibró ante cada ataque de los de Sabella y sufrió por el triunfo alemán. Del celeste y blanco el festejo europeo. De la fiesta al llanto.

Banderas grandes, chicas, camisetas nuevas, antiguas, celestes y blancas, azules, remeras de entrenamiento, gorros, vinchas, bufandas, pulseras, fotos, carteles, rostros pintados, disfraces.

Es Argentina en Río de Janeiro. Es el Monumental en el Maracaná.

Hay miles de hinchas argentinos en el estadio, en las afueras, en la playa, en el Fan Fest. El celeste y blanco se ve por todos lados, se ve y se siente, se siente.

“Tomala vos, dámela a mí / el que no salta es de Brasil”.

Se oyen los cantitos, pero también se oyen los silencios. Sí, se escuchan.

Hay tensión en el Maracaná, nervios, ansiedad. No se vive la fiesta de otras veces, de otros partidos; la final después de 24 años, otra vez contra Alemania, un equipo que viene de destrozar al pentacampeón, al local, a Brasil, se palpa en la incertidumbre. En el pánico de la gente.

“Si no gritamos todos / parecemos brasileros”.

De a ratos se encienden, y hay emoción. Avanza el Pipita, queda solo frente al arquero, define mal. Se agarran la cabeza.

“Olé, olé, olé, olé... / Pipaaaa, Pipaaaa”.

Saltan (casi) todos de sus butacas. Se abrazan. Gritan desaforados, dura uno, dos segundos; el asistente, bandera levantada, acaba de marcar el offside tras un gol del mismo Pipita.

Sigue todo cero a cero, y cada esbozo de ataque de los alemanes se sufre. Mirá si se sufre que ahora nadie canta, aunque Argentina recupera la pelota.

La toca. La toca. Avanza. Le pegan. Alaridos, quejas, reproches al árbitro.

“A estos putos les tenemos que ganaaaar”.

Faltan minutos para que termine el primer tiempo y la Selección tiene el control, ahora, del juego. Le falta el último toque, pero mandan los de azul como afuera mandan los de celeste y blanco.

“Ay”.

Hay una taquicardia generalizada cuando Romero tapa una, y la ansiedad se vuelve insoportable.

Hay argentinos por todos lados.

Hay un sueño que, cuando termina el primer tiempo, no termina. Que sigue en la segunda parte.

Hay que saber qué se siente. Y hay que saber sufrir. Cómo se sufre, Argentina.

Se lo pierden de un lado. Salva Romer. Se lo pierden del otro. Define mal el Kun.

Mano a mano, ahora, ya en el alargue, lo erra Palacio.

"Vamos vamos / Argentina / vamos vamos / a ganar / que esta barra quilombera / no te deja, no te deja de alentar".

Se enciende la gente. El bullicio se hace insopotable. La gente vuelve a jugar. La gente juega.

Pero no mete los goles.

El gol es de Alemania. Argentina sufre. Los hinchas, los argentinos, enmudecen. Los jugadores lloran.

Argentina llora. Pero -como la gente- llora de pie.

 

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