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La defensa argentina, que no recibía goles desde la fase de grupos y sólo había sufrido tres en contra en toda la competencia, descuidó a Götze y se quedó sin Copa del Mundo.

El trabajo de la defensa argentina hasta este domingo había sido impecable. Tan sólo tres goles en contra en seis partidos, los tres en dos duelos (2-1 ante Bosnia y 3-2 contra Nigeria) en la fase de grupos, y una gran solidez en el fondo para darle seguridad al equipo era lo que marcaba la estadística. 

Sin embargo en la final, a los siete minutos del segundo tiempo suplementario, y a pesar de que la última línea argentina estaba bien cubierta, Ezequiel Garay descuidó a Mario Götze, que recibió muy libre la pelota en el área chica y puso el 1-0 de Alemania, terminando así con el sueño argentino en el Mundial.

Un error que la defensa no había cometido hasta acá. Un error que quedará marcado a fuego en Ezequiel Garay, pero también en Pablo Zabaleta, quien había hecho un gran campeonato; en Martín Demichelis, quien difícilmente tenga la chance de disputar otra Copa del Mundo, y quien entró a la lista de 23 en los últimos días, ganándose un lugar entre los 11 estando en Brasil.

Un error que Marcos Rojo, uno de los jugadores revelación de la Selección albiceleste, no podrá olvidarse jamás. Un error que Sergio Romero, que había tenido dos tapadas importantísimas ante Alemania, que logró quedar en la historia argentina como el tercer arquero con la valla invicta en los Mundiales, no podrá perdonarse. Se preguntará por qué no se tiró para el otro lado. Ya no le importarán aquellos penales atajados ante Holanda.

Tampoco importará la estadística, que demuestra la mejoría del rendimiento de la defensa argentina, que terminó el Mundial con cuatro goles en contra. Una defensa que fue de menor a mayor, pero que se quedará con ese error, con la espalda de Götze, con el festejo alemán y las lágrimas albicelestes.



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