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De la defensa al ataque, la Selección argentina ha sabido demostrar una gran entereza, que plasmó partido a partido y terminó depositándola en la final pese a las críticas.

No sé qué crítica fue peor. Desde los jugadores hasta el técnico, casi todos recibieron un ‘palazo’ de algún lado. Sabella fue catalogado de defensivo; Romero, tras pocos partidos en esta temporada, recibió cuestionamientos de la prensa y hasta de algunos que querían su lugar; Rojo y el resto de la defensa siempre estuvieron en duda. Pero ahora que están en la final, todos están con ellos.

Argentina es un equipo diferente al de otros Mundiales: no ganó ningún partido con la supremacía con la que solía hacerlo, no hubo goleadas escandalosas, ni con los equipos de menor categoría, y sufrió desde el primer partido para lograr dejar una imagen favorable, más allá de manejar los tiempos, defender como pocos y conseguir victorias con algunos chispazos de Messi, Higuaín y un ataque del que poco se dudó.

Pero con una diferencia mínima le bastó al equipo para consolidarse. Los cambios, que vinieron sobre la marcha, fueron acertados y esos jugadores, de los que siempre se dudó, crecieron a partir de la confianza del entrenador, de los consejos de un líder innato como Mascherano y de lo que sentían que debían demostrar ante un país que soñaba pero no creía.

De esta forma, ‘Chiquito’ atajó penales, Rojo se convirtió en ese lateral que no habían encontrado y Biglia y Enzo Pérez fueron refuerzos y no sustituciones obligadas. Todo esto sumado es lo que construyó el camino que terminará en el Maracaná, un camino que ya es histórico porque hace 24 años que Argentina no lo transitaba y que seguramente quedará en la cabeza de muchos jóvenes que nunca habían visto a su Selección disputar la final del evento futbolístico más importante del mundo.

Un párrafo especial merece Mascherano. El jugador de Barcelona se ha jugado la vida, como siempre suele hacerlo, pero esta vez su esfuerzo ha tenido un color especial. En la cancha ordena y alienta, afuera disfruta con cada triunfo y guarda la calma. Entonces, si bien Messi y su genialidad tienen bien merecida la banda, algo que se demostró con sus goles clave, la presencia y el papel de Mascherano han sido únicos, fundamentales.

Argentina no se dejó vencer por las voces de afuera, nada lo debilitó. Al contrario, se fortaleció y ahora está a un paso de llegar a lo más alto.

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