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El Jefecito volvió a dejar la vida, cortó justo a Robben cuando estaba por quedar mano a mano con Romero y demostró que es la pieza fundamental del equipo.

No necesita la cinta para ser el capitán. Javier Mascherano es el líder futbolístico de la Selección argentina, es el técnico dentro de la cancha, el alma del equipo, pero sobre todo un jugador que deja todo en cada pelota, que motiva a sus compañeros, que no se guarda ni una gota de sudor, que no escatima en esfuerzos. Emociona verte jugar, Jefecito.

Y también emociona verte pelear cada pelota, emociona verte concentrado desde el minuto inicial hasta el último segundo del partido, emociona verte dejar la vida para cortar a Robben y evitar que se venga abajo la esperanza argentina, emociona verte acertar todos y cada uno de los pases, emociona verte desdoblarte para ocupar cada centímetro del mediocampo -que es tuyo-, emociona tu entrega, emociona verte putear en inglés y enfrentarte a gigantes para defender los colores de la camiseta de la Selección que tanto amás. Y se nota.

Probablemente no seas el mejor jugador del equipo. Probablemente no gritemos un gol tuyo y mucho menos nos deleitemos con alguna jugada exquisita. Pero no hay dudas: sos la pieza más importante de Sabella. Irremplazable. Por eso el latido de cada uno de los argentinos se frenó cuando te vieron tendido en el piso después de chocar con Wijnaldum. Y nos volviste a emocionar levantándote como si nada hubiera pasado. A vos de la cancha te tienen que sacar a la fuerza.

Sos parte fundamental de este pase histórico a la final, de la emoción que sienten todos los argentinos, de las lágrimas, las risas, la piel de gallina y la ilusión de cada hincha de la Selección. Falta sólo un paso que seguramente querés dar igual que todos y más que nadie. Sos uno de los máximos responsables de este logro. Tu llanto después del partido, tu claridad en cada palabra, en cada concepto, te describe en cuerpo y alma. "Hoy vos te convertís en héroe", le dijiste a Romero y lo llenaste de fuerzas para hacerse todavía más gigante. Vos también lo sos, siempre lo fuiste. Gracias eternas, Masche.

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