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El técnico de Holanda armó un equipo con instinto asesino. Te invita a que lo ataques y te hacer caer en la trampa. Disciplina, docencia y, sobre todo, muchas ganas de ganar.

 Ariel Rodríguez
 Columnista Goal
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Era su primer entrenamiento en el Barcelona después de haber construido una verdadera máquina de fútbol en el Ajax. Stoichkov, un líder con carácter fuerte, no pudo pisar la cancha sin ponerse la camiseta dentro del pantalón. El nuevo entrenador holandés le impuso las reglas delante de todo el grupo y de la prensa. Alcanzó que una cámara de televisión registrara el hecho para que en minutos se supiera en todo el mundo quién pasaba a mandar en el vestuario del Barca. “Si quiere entrenar en este club, a partir de ahora, la camiseta adentro del pantalón.” Van Gaal dijo y Stoichkov aceptó. 

El búlgaro no duraría mucho. Pasó lo mismo con Riquelme, a quien quiso hacer jugar por izquierda en un 4-3-3 que hoy es tan común. Él manda. Él decide. Y si no se siguen sus reglas, no se puede permanecer en sus equipos. “El entrenador es la referencia y todos deben tirar en la misma dirección.” Ese es su lema. Y no acepta a futbolistas, aun a algunos de los mejores, que se salgan de esa línea de conducta. 
 
Claro, estas peleas dejaron huella y lo marcaron. Porque, entre tantas cosas, Stoichkov dijo “se cree tan grande como un Van Gogh, me quiere hacer jugar de lateral” y Riquelme contó: “Me dijo que, con la pelota era el mejor, pero sin ella, jugábamos con 10”. 
 
El Barça buscó en Van Gaal a un nuevo Cruyff y repetir al Ajax que jugó al fútbol como pocos equipos. Fue de los mejores que vi en mi vida y los nombres salen solos: Van der Sar, Reiziger, Blind, Franck de Boer, Davids, Rijkaard, Seedorf, Lítmanen, Finidi, Ronald de Boer y Overmars. Muchas canchas de Europa se pusieron de pie para aplaudir a estos chicos. No lo olvidaré, todo un equipazo.
 
Hace poco tuve la chance de felicitarlo por ese Ajax. Le dije que estuvo cerca del Barça de Pep, entre los mejores de la historia. Sonrió como nunca. Y usó su español con gusto: “Muchas gracias”, me dijo, “pero, siempre se sueña con tener un equipo mejor”. ¿Se dan cuenta lo que es un hombre que quiere más y no se conforma con lo que hizo? Siempre se sueña con mejorar algo que ganó todo lo que jugó. El hombre del látigo también es un ganador. Y un maestro, que enseña a cada paso.
 
Así lo recuerda Xavi. Como uno de los mejores entrenadores que tuvo por sus trabajos de campo. Tuve la suerte de verlo en acción hace pocos días, en el Mundial. Frenó una triangulación de toques de primera, en velocidad, para explicarle a Van Persie cómo poner el cuerpo para girar más rápido. El goleador del Manchester United lo escuchó, repitió sus movimientos y se llevó todos sus aplausos en la próxima maniobra. Enseñar. Eso hace Van Gaal todo el tiempo. Y los jugadores aprenden, si están dispuestos, claro. “Hacer progresar a los futbolistas es mi mayor satisfacción.”
 
Fue clave en Barcelona. Hizo crecer a Puyol, Xavi, Iniesta, Valdés... algunos de ellos no eran tenidos en cuenta cuando él llegó y otros debutaron y crecieron de su mano. Cambió el rumbo de un Bayern Munich que estaba muy lejos de este presente. Van Gaal inició la tarea que Heynckess terminó. Siempre con sus modos tan poco aceptados. “Yo soy como soy, tengo mi manera de funcionar. No voy a cambiar y no quiero cambiar.” Es así y quiere seguir siéndolo. Todo el que lo contrata sabe que puede comprarse un problema.
 
Esta Holanda poco tiene que ver con algunas de sus versiones anteriores. Formó una defensa fuerte, joven y rápida. Laterales alegres y claros con la pelota. Mediocampistas agresivos, más peleadores y recuperadores que creadores. Y tres hombres en ataque con mucha categoría, como Sneijder, Robben y Van Persie. El bloque trabaja para ellos. Retrocede, se junta cerca de su arquero y estira la cancha para generar espacios para sus delanteros. Es caer en la trampa. Holanda te invita a que la ataques y te golpea con Robben. 
 
Otra fórmula holandesa. Lejos del estilo del Ajax del '95, pero con instinto asesino y ganador como transmite su entrenador. Quiere ganar. Más que nunca habla de eso y no tanto del juego. En realidad, ya lo había anunciado hace seis años. “Gané prácticamente todo con clubes. Vivir un gran torneo, y ganarlo, con una selección, es lo que me falta." En esta Holanda, buscó una máquina de triunfar más que un team que sea recordado por su juego. Y fue muy criticado en su país. No se entiende la línea de cinco defensores. Menos se entendieron las marcas personales ante Chile.

Imagínense qué dirá Cruyff cuando hable de esta selección naranja. No creo que le guste demasiado. Hoy, Van Gaal vive un sueño antes de seguir su carrera en Inglaterra. Otra gran aventura. Crear algo parecido a la maquinaria de Alex Ferguson. En Manchester, no son tontos. Si hay alguien que lo puede conseguir rápidamente, es el holandés del látigo y el buen fútbol... un maestro con todas las letras. 

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