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En los ocho partidos por octavos de final del Mundial se convirtieron 18 goles y siete de ellos fueron en los tiempos suplementarios. Lo emotivo se contrapone al esfuerzo.

La permanencia del tiempo suplementario como método para dirimir los partidos empatados en los 90 minutos reglamentarios son objeto de debate permanente, con críticas hacia la FIFA por sostener este sistema que lógicamente desgasta física y mentalmente a los jugadores, pero a su vez ofrece un componente emotivo más para que el fútbol nunca deje de ser parte de un show.

Tan parejos fueron los octavos de final de la Copa del Mundo 2014, la primera ronda de eliminación directa, que cinco de los ocho partidos terminaron en esta vía y dos requirieron de los penales. Pero el dato más llamativo es que de los 18 goles convertidos en total en toda la ronda, siete llegaron durante esos 30 minutos adicionales.

Tanto Alemania-Argelia, como Argentina-Suiza y Bélgica-Estados Unidos terminaron igualados 0 a 0, por lo que llegó la prórroga para los triunfos de los teutones, los albicelestes y los belgas. Dos de ellos fueron 2 a 1 y el restante 1 a 0. En los tres, el resultado estuvo abierto hasta el último instante y el silbatazo final fue un desahogo para los ganadores.

La pregunta que lógicamente se dispara es ¿por qué se llega a esta instancia? En los tres partidos, el equipo que finalmente resultó ganador hizo sus méritos para ganarlo en el tiempo regular pero se chocó con equipos bien parados defensivamente. Pero como es habitual, dicha situación requiere un esfuerzo mental aparte de físico que es prácticamente insostenible por media hora más. Así, con las defensas cansadas y recambio en los ataques, los espacios aparecieron para los goles.

Definiciones mucho más agónicas fueron las de Brasil-Chile y Costa Rica-Grecia, que tampoco se sacaron ventaja en el suplementario y fueron a penales. Los últimos minutos en uno y otro fueron golpe por golpe, sufriendo el reloj y el cansancio.

Al Mundial le quedan ocho partidos, ocho posibilidades más para partidos emotivos y vibrantes, sin resolución hasta el final. Y los futbolistas, verdaderos actores del espectáculo, serán aquellos que deberán esforzarse en pos del show que debe seguir y mientras más indescifrable mejor.

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