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Los 360 minutos mundialistas de la Selección fueron una incitación total al cambio de ideas futboleras contemporáneas. Ahora, Romero, Rojo y Messi marcan el camino.

En un país de poco más de 40 millones de habitantes como Argentina, hay no menos de 40 millones de directores técnicos. Porque, como reza el dicho popular: “Todos somos DTs”. O eso pretendemos, inconscientemente. Sin embargo, más de uno, quizás la mayoría, cambiarían toda su creencia futbolera por un resultado. De hecho, ya lo hicieron. Por un par de victorias (o cuatro consecutivas), tiraron al tacho su perspectiva sobre el equipo y sobre ciertos jugadores e incluso sus gustos por algún estilo de juego particular. Los resultados barren con todo, y mucho más en una Copa del Mundo.

¿Que Sergio Romero no era el mejor arquero para Argentina?, ¿que Marcos Rojo era el más limitado de la defensa?, ¿que a Lionel Messi le faltaba chapa de líder y capitán? Los 360 minutos mundialistas de la Selección fueron una incitación total al cambio de los paradigmas futboleros contemporáneos de los argentinos. Más que una incitación, una realidad.

De pronto, los talones de Aquiles de Argentina resultaron ser los menos criticables de un equipo que abrochó la clasificación a octavos de final tan rápido como se preveía -aunque sin una pizca del potencial brillo de estos jugadores – y que, pese a los méritos, tuvo que sufrir casi hasta el final del tiempo suplementario para superar a Suiza y meterse entre los mejores ocho del mundo. Es que en esos cuatro triunfos hubo rendimientos vitales que sedujeron a más de uno dentro de una actuación general que no convenció ni al propio Sabella.

Romero fue uno de esos rendimientos destacados. Luego de estar entre los más cuestionados en la previa del Mundial, Chiquito pasó a ser el hombre de las atajadas gana-partidos. La tarea del jugador del Monaco fue fundamental para sostener a la Selección en los momentos en los que las dudas nublaban la confianza de la última línea argentina. En el debut frente a Bosnia (le saca un cabezazo abajo a Lulic cuando el partido iba 1-0) y en el cierre de la fase de grupos, contra Nigeria, cumplió aceptables actuaciones. Pero se terminó de ganar los halagos de los más críticos luciéndose ante Irán y manteniendo el cero contra Suiza –con la ayuda del poste-, que lo convirtió en el arquero con más partidos invicto en la historia del seleccionado albiceleste.

Pero si lo del ‘1’ es para remarcar, qué decir de Rojo. El caso del lateral zurdo es el que mejor ejemplifica el cambio de paradigma del argentino promedio. Contra todos los pronósticos, el ex Estudiantes de La Plata se transformó en la revelación de Argentina en este Mundial. Pero no sólo por su tan impensada como popular rabona dentro del área en el estreno ante Bosnia. Siempre concentrado y comprometido para ayudar en el fondo, sumó confianza más por sus escaladas hasta el fondo por la banda que por su labor defensiva, y terminó coronando una gran fase de grupos con el gol de rodilla frente a los nigerianos. Contra Suiza, volvió a despuntar, pero fue amonestado, se perderá los cuartos de final y ahora la pregunta que todos se hacen es: ¿qué hacemos sin Marcos Rojo?

Por otra parte, bien alejado del resto, aparece Messi y el click que logró producirle a esa mayoría que desconfiaba de su personalidad y amor por la camiseta celeste y blanca. Si bien en los dos primeros partidos casi no la tocó, apareció en los momentos justos y terminó definiendo ambos con dos golazos que llevaron su sello. Levantó bastante su nivel contra Nigeria y gritó un par de tantos más para competir también en la carrera por el Botín de Oro. Y como el 10 y capitán quiere que este sea su Mundial, volvió a ponerse la capa de salvador ante Suiza, un partido en el que estuvo lejos de su mejor forma futbolística, pero en el que fue decisivo otra vez: cuando más lo necesitaba el equipo y con la definición por penales al acecho, Leo recibió cerca del círculo central, encaró hacia el arco suizo, eludió con naturaleza a un rival y esperó el instante preciso para asistir a Di María que hizo el resto.
 
Al margen de que es insoslayable que la Selección debe mejorar mucho para no tener que depender siempre, exclusivamente, de los postes y de lo que pueda dibujar la Pulga, lo cierto es que tanto Messi como Romero y Rojo, tres nombres que siempre estuvieron en el ojo de la crítica, le están ganando por goleada a sus detractores y apuestan a cambiar definitivamente los paradigmas argentinos.

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