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El equipo de Marc Wilmots se clasificó a los cuartos de final y se mete en el camino albiceleste, que puede tener enfrente al primer equipo que le deje espacios para jugar.

Cuando se elige la postura del pesimismo, que busca los defectos y advierte que si no se modifican llegará la eliminación, suele eludirse una cuestión fundamental del fútbol: el rival también juega. Y que lo explique Argentina, que a lo largo de los cuatro partidos que jugó en la Copa del Mundo, tuvo escasos pasajes donde se sintió realmente cómodo, por errores propios seguro, pero la gran mayoría forzados por el adversario.

De todas maneras, el equipo albiceleste llegó a cuartos de final con tres victorias en la fase de grupos y una en los octavos de final, donde necesitó del tiempo suplementario. Y aparece ahora Bélgica, de recorrido idéntico y un seleccionado al que no le pesó hasta el momento la mochila de candidato a revelación, después de una fantástica Eliminatoria en Europa y una generación de oro.

Los Diablos Rojos son un rival a considerar, por supuesto. Pero al momento de analizar su llave ante Estados Unidos, probablemente haya sido la mejor opción. Porque se trata de un equipo talentoso y sobre todo con ambición. Sin embargo, tiene una particularidad con la que todavía no se encontró Argentina: desorden. Y mucho. Para atacar y sobre todo para defender. Espacios. Para Lionel Messi en primer lugar.

Con memoria cortoplacista, de unas pocas horas atrás, Suiza propuso un laberinto para el 10, marca escalonada desde un instante antes de recibir la pelota hasta uno después de soltarla, ya sea en un pase o una pérdida. Por momentos sobrepasado de marca, la Pulga desapareció, se fastidió. El equipo se recostó en Di María, que no estuvo fino hasta el final. Lavezzi no solucionó, Higuaín sufrió, Gago alternó buenas y malas. ¿Por qué? Porque los helvéticos imprimieron un rigor táctico que no existe para Marc Wilmots.

Pero no se trata del último recuerdo, porque ahí sí los belgas preocuparían. Tim Howard atajó 14 (¡catorce!) remates directos al arco en 120 minutos. Esto es Bélgica, sí. Pero también es el de la fase de grupos, que derrotó 2 a 1 a Argelia, 1 a 0 a Rusia y 1 a 0 a Corea del Sur, pero jamás dio una imagen de solidez absoluta.

La imagen de Romelu Lukaku imparable en el suplementario atemoriza sin contexto, sin entender que arrancó como suplente ante los norteamericanos porque en los primeros dos encuentros fue una sombra. Y Eden Hazard, sindicado para ser la gran figura joven, aparece a cuentagotas. Y si Messi quiere estar tranquilo, Witsel y Fellaini están a años luz de la rigidez que impusieron Inler y Behrami.

Tampoco hay que pensar en la ingenuidad de un partido golpe por golpe, porque ante Argentina siempre hay una enorme chance de suicidarse futbolísticamente. Lo que sí hay que esperar es un equipo de transición rápida, de poca posesión y mucha verticalidad por los extremos.

En Brasilia, el sábado a las 13, será la hora de la verdad y todos los análisis previos se reducirán a simples palabras, vaticinios, proyecciones, avisos o futurismo. Lo que sí puede empezar a pensar Alejandro Sabella es en un oponente completamente distinto, con lo bueno o con lo malo. Que lo atacará más que el resto, pero se cuidará menos. Y en los espacios puede estar el camino para terminar con 24 años de no pasar los cuartos de final y soñar con la ansiada copa en el Maracaná.

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