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Nuestro columnista analiza el presente del dueño de casa: sus líderes la pasan mal y Neymar sigue siendo imprescindible.

 Ariel Rodríguez
 Columnista Goal
@arirodriguez71  

 

Julio Cesar terminó llorando ante los micrófonos. “Es muy fuerte psicológicamente representar a Brasil de local. Mucha presión…” Horas después, el capitán, Thiago Silva, reconocería: “Felipao me preguntó si quería patear un penal. Le dije que no, que quería ir último. Y le pedí a Dios que no llegara mi turno. No me sentía con confianza…”

Así están las cosas en el plantel brasileño. Dos de los jugadores con más experiencia demostraron que la pasaron mal en el momento de definición ante Chile. ¿Qué les queda a los demás si los líderes hablan así? ¿Cómo lo tomarán los otros al ver que sus referentes se sintieron de esa forma?

Después de semejante declaración, ¿hay punto de retorno ante un inconveniente que pueda surgir en el juego? Recién pasó el primer partido eliminatorio, acá le llaman “mata-mata”, y el clima de tensión y presión irá creciendo a medida que avancemos hacia la final.

En la previa a la Copa, Felipao habló del armado del plantel, de la elección de los futbolistas. Dio a entender que en estos tiempos, las presiones quitan reacción, paralizan, y que a más nivel de estrellato, más chances de sentirlas. Un jugador que no es figura, y que suele sacrificarse por el equipo, no sentiría que Brasil lo necesita a él para superar al rival. Eso lo dejaría ser, expresarse con libertad, a diferencia del crack que se ahogaría en los momentos decisivos. Así eligió a su plantel Felipao. Humildes y trabajadores al servicio del equipo. Nadie siente que debe resolver un partido por su cuenta, todos liberados de responsabilidad.

Ya en los octavos de final, su equipo se asfixió ante el primer problema futbolístico. Brasil no tuvo respuesta en el segundo tiempo, caminaba por la cancha mientras Chile no podía ganarlo. Piernas paralizadas.

Debo reconocer que lo que más me sorprendió fue el partido de Neymar. Atado desde el comienzo. Sintiendo el peso de la camiseta. Nunca le había pasado, tuvo tres contras en el primer tiempo para darle tranquilidad a su equipo, pero se equivocó en la toma de decisiones. Raro en él que en su Selección es mucho más crack que en el Barcelona.

Esa fue la diferencia entre este encuentro de Brasil y los anteriores. Neymar. Por lo demás, jugó mal como siempre, tuvo poco de Fred como siempre y no convenció a su público como siempre. Pero con Ney a pleno venía ganando. Eso sí que lo hace bien el conjunto de Felipao. Sabe ganar. De los últimos 20 partidos, ganó 17 con 57 goles a favor. Sí, leyeron bien: 17 triunfos en 20 con casi 3 goles de promedio por juego.

Eso es Brasil. Ganar, golear, sin jugar bien. Pero sin Neymar no sacó diferencias y, ante el empate, todo se complicó.

Difícil imaginar cómo seguirá, pero, a medida que nos acerquemos a la final, la tensión va a crecer. Los nervios aumentarán y faltarán las ideas. Brasil tiene que salir campeón. Los líderes sintieron esa carga. Neymar la sintió.

Adelantarse en el marcador va a ser clave. Como sería un gran problema empezar perdiendo. Un pueblo espera. Todavía se escucha el travesaño de Pinilla en el Mineirao. El silencio en ese estadio era igual al de todo Brasil. ¿Volverá a escucharse? Neymar dirá. Porque de su magia depende el futuro de Brasil.

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