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En Brasil, además de la clásica -inalcanzable para muchos- reventa, se pueden conseguir ingresos de manera oficial; madrugadas de nervios y milagros a última hora. #MundialenFoco.

El Gimnasio de Ibirapuera es, además del lugar donde los hinchas pueden retirar sus entradas compradas por Internet, un menjunje de nervios, especulaciones y negociaciones para la reventa de las mismas. Se trata del epicentro paulistano del anhelo de miles por conseguir un ingreso para ver a su Selección en la cancha. En síntesis, pasa de todo.

Los hinchas argentinos son concientes de que la cercanía de Brasil -y más aún la distancia de Rusia y Qatar, próximas sedes mundialistas- hacen de esta Copa la ocasión inmejorable para vivir de cerca el fútbol en su estado más efervescente. Pero todos quieren asistir, no solo argentinos, entonces la búsqueda de entradas se convierte en una lucha de fuerzas las más de las veces económica, pero también ingeniosa.

César y Paqui son dos argentinos que encuentro en Ibirapuera. Llegaron a San Pablo hace cinco días y desde entonces pasan todas las mañanas y buena parte de la tarde en el Centro de Gestión de Entradas a la espera de conseguir o pescar algo. "Al pelado ese ni te le acerques, está pidiendo mas de 1200 dólares para el partido contra Suiza", me dice César, que se convirtió en un experto en la materia.

Sabe perfectamente cuáles son los revendedores -que hacen su negocio a la luz de todos sin remordimientos, aunque de vez en cuando un patrullero se lleva a alguno-, los pichones, los que no tienen un mango, y hasta se hizo amigo de un canoso que es voluntario y que dice que siempre consigue entradas en el sitio de la FIFA. "Ya no le creo nada al viejo, salvo que me regale su campera de voluntario", dice sobre el abrigo celeste explosivo que usa el de pelo blanco.

El sitio para comprar tickets es bastante sencillo: uno ingresa -con la cuenta ya creada- y tiene todos los partidos que restan disputarse con tres números al lado, que representan la categoría: 1, 2 y 3. Si están en negro es que no hay más, si están en rojo quedan pocas, pero es imposible conseguir. Si están en amarillo tenés más chanches pero sigue siendo difícil, y si están en verde es un milagro de esos que no ocurren.

Pero a pesar de que hace meses se informó que se agotaron todas las localidades para la Copa de Brasil, diariamente ese negro que parece inalterable se pone en rojo y la gente desespera. "Hay que conectarse todo el tiempo, yo anoche no dormí. Dicen que entre las 4 y las 6 de la mañana es el mejor momento", me cuenta César con unas ojeras del tamaño del Maracaná.

Y es así nomás. A esa hora, la FIFA actualiza los listados con las entradas que son devueltas (generalmente las de protocolo que reciben las empresas), revendidas (oficialmente, a la FIFA que se queda con un pequeño porcentaje) y agregadas vaya uno a saber de dónde. Es un momento de éxtasis cuando aparecen los cuadraditos en rojo, ya que la reventa es un negocio solo para ricos: las entradas para octavos no bajaban de los mil dólares.

Sin embargo, en el momento que aparecen los ingresos disponibles (hoy fue a las 5.34 de la mañana) comienza una guerra de clicks, F5 (actualizar) y escribir códigos que siempre terminan con el mismo mensaje: "Temporarily sold out", o sea, temporalmente agotados.

También existe la chance de que eso suceda después de que abra el búnker de las entradas -a las 9 de la mañana- y se pueda comprar el ticket in situ. El lunes, cerca de 40 personas consiguieron su boleto para el juego de cuartos de final, en Brasilia. Envidia no sana.

A título personal

Me despedí de César y Paqui tras intercambiar números y nos prometimos llamarnos si conseguíamos algo. Me desperté a las cuatro y estuve apretando el F5 hasta el calambre. Nada. A la hora y media aparecieron los colores, especialmente rojo y un poquito de amarillo, pero otra vez no hubo caso. Me quedé dormido a las 7.30 y me levanté desilusionado a las tres horas después.

Estaba desayunando, planificando mi visita al Fan Fest para ver el partido en pantalla gigante pero sin la emoción del estadio, cuando recibí el mensaje de un amigo que estaba intentando conseguir entradas en el Arena Corinthians pero ya se había espantado de los precios de la reventa. "Vení ya para la cancha".

La tostada quedó por la mitad y yo corrí hasta la estación Consolação, combiné con la línea roja y me bajé en Itaquera-Arena Corinthians. Después de media hora de búsqueda di con mi amigo, que había conseguido las entradas porque la novia de un amigo de otro amigo tenía de sobra y no sabía qué hacer. Se las ofreció a 500 dólares, menos de la mitad de lo que pedían los revendedores, y yo fui feliz -después de sufrir 118 minutos-, con el curioso ingreso que me consiguieron, a nombre de... Humberto Grondona. Vamos los pibes.