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Suiza es un equipo que va buscando en la cancha a los que mejor están y aunque Shaqiri, su mejor jugador, no haya sido lo que se esperaba, la Argentina no se puede descuidar.

 Ariel Rodríguez
 Columnista Goal
@arirodriguez71  

Era el segundo partido del seleccionado en el Mundial. El segundo marcador central (Von Bergen) se lesiona, ingresa un histórico como Senderos, veterano líder pero en mala forma futbolística, Suiza termina humillada por Francia. Goleada 5 a 2. El emblemático Senderos es el peor de la cancha, Von Bergen se queda sin Copa al confirmarse una lesión importante y, aparece en escena, para el próximo partido, otro central (Schar) para acompañar a Djourou. Victoria ante Honduras: 3 a 0.

Eso es Suiza. Se lesiona un titular, el emblemático suplente no rinde y lleva a apurar la titularidad del tercero en discordia. Fabian Schar, de él se trata, es un joven talento pretendido por Barcelona, pero que nunca terminó de convencer a Hitzfeld. Una lesión y un bajo rendimiento, lo llevaron al equipo titular. Todo un símbolo: a pesar de todos los años de gran trabajo en la base, formando juveniles que hoy son fundamentales en el primer equipo, tiene que ir cambiando y acomodándose en el gran escenario. Hitzfeld no tiene seguridad en sus 11 titulares. Va buscando en la cancha a los que mejor están. Misma cuestión para el delantero. Jugó Seferovic, más de área, más goleador, pero no rindió y apareció Drmic, menos goleador, más jugador, gambeteador y asistidor.

El arquero Benaglio es intocable, figura y líder. Los marcadores de punta de lo mejor del equipo. Lichsteiner por derecha, de la Juve, y Rodríguez por izquierda. Ricardo, es mezcla de Chile y España en sus padres, un joven de 21 años con enorme futuro. Estilo Sorín. En el medio, son claves Behrami e Inler. El alma de Suiza. Voz de mando y juego, si ellos están mal, el equipo se va al diablo. Tres volantes de salida y de mucha presión como Shaqiri, Xhaka y Mehmedi o Stocker, y el único delantero que rota entre Seferovic y Drmic. Shaqiri merece otras líneas, Xhaka y Mehmedi imponen más desde el rigor físico que desde el juego. Presionan mucho y recuperan balones, pero les cuesta generar fútbol. Es evidente que el ataque es el punto débil. Ya no están Chapuisat, Turkylmasz o Frei. Falta un 9 de categoría.

¿Puede sorprendernos Shaqiri? Buen jugador, promesa del fútbol suizo desde hace varios años, comparado con cracks en sus comienzos, pero no más que eso. Claro que habrá que tener recaudos, pero no es el Messi o el Robben de Suiza como algunos quieren presentarlo. Antes de su hat-trick en el Mundial, llevaba 7 goles en 28 partidos en la Selección. Un tanto cada 4 partidos. Y su evolución y crecimiento no fue lo que se esperaba. Tal vez se exageró. No asusta, pero tampoco habrá que subestimarlo. Es la figura y Suiza lo necesita si quiere hacer historia.

En todo esto, hay un detalle que me parece preocupante. Se acostumbraron a dar batacazos, a ganarle a Selecciones poderosas. En Sudáfrica, empezó con triunfo sobre los reyes del tiqui-taca. 1-0 a España. Hace 2 años, superó a la Alemania de Löw por 5 a 3. Y en agosto del año pasado, le ganó a Brasil 1 a 0. La única derrota de Felipao en los últimos 20 partidos. Triunfazo. Esperemos que no recuerde esas victorias históricas.

En la variedad de las nacionalidades  de sus futbolistas está el dato color. Por ejemplo, Shaqiri y Behrami nacieron en Albania, Djorou es marfileño y Dzemaili y Mehmedi son macedonios. La influencia de los inmigrantes mejoró a Suiza y Hitzfeld lo supo al elegir a hijos de ellos para ser capitanes: "los designo para darle más importancia a los jugadores de origen extranjero". Por eso, que no les llame la atención que el himno lo canten menos de 5 jugadores, esa es la medida de “suizos puros” en el seleccionado de fútbol en los últimos años. Pensar que en Estados Unidos ’94, el único inmigrante era nuestro Alain Sutter. Cambiaron los tiempos, ¿no?

A jugar. Suiza no debería ser un problema mayor. Pero, hay un Shaqiri a quién marcar…

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