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Se habla de que el sorteo no fue tal y hay varios factores que no deben ignorarse para comprender que la FIFA también quiere beneficiarse en la próxima Copa del Mundo.

El sorteo del Mundial que se jugará el año próximo en Brasil dejó una buena cantidad de focos de análisis. Desde lo futbolístico hasta lo geográfico y climático. Algunos se vieron "favorecidos" en los rivales, otros en las sedes en las que jugarán y los pocos kilómetros a recorrer, y otros, básicamente en todo.

Como era de esperar, ya pasaron un par de días desde que se abrió la última bolilla y ahora ya no se habla de copones, ni de el octavo europeo, ni cabezas de serie y sí de fraude. Lo que sucedió en Twitter fue una simple maniobra que puede realizarse en red social y quien se haya tomado el tiempo para investigar antes de divulgar seguramente habrá informado correctamente. También apareció un video en el que se pone en juicio la forma en la que Jêrome Valcke, secretario de la FIFA, abrió los recipientes que contenían cada nombre en el sorteo, sin mostrar claramente en cámara qué papel sacaba de los mismos.

Ahora bien, es difícil que aún exista en el mundo una persona que tenga un grado tal de inocencia para creer que el fútbol no es un negocio y que conserva la pureza del amateurismo. Si el deporte en sí mueve millones de dólares alrededor del mundo, ¿qué se puede esperar del torneo más importante de este maravilloso juego? Que es una fiesta del fútbol no caben dudas. Que es la competencia más apasionante, inclusive hasta comparándola con los Juegos Olímpicos, tampoco. Sin embargo, eso no quita que la entidad que rige el fútbol en todo el globo terráqueo haga su propio negocio y saque provecho de semejante evento.

Pasó con las entradas. A países de escasa tradición futbolera se le adjudicaron muchos más tickets que a Argentina. Algunos dicen que por revoltosos, otros que por la escasez de cupo en las tarjetas de crédito y otros tantos creen que los turistas que provengan de países con monedas fuertes dejarán más dinero en las arcas de Brasil durante su estadía. Alguna de estas afirmaciones puede llegar a ser cierta. O todas. O ninguna. Pero también se puede ir más allá y si se tiene en cuenta que el último Mundial cercano para Argentina fue el que se organizó en 1978, se puede llegar a la conclusión de que FIFA puede haber especulado con que los argentinos irán igual a Brasil y gastarán lo que los revendedores pidan. ¿Es descabellado? Para nada. Si hay reventas en partidos como el Superclásico, ¿por qué no en un Argentina-Bosnia o, más aún en un Argentina-Nigeria en Porto Alegre?

El tema de los tickets y la Argentina es apenas una unidad de negocio dentro de esta gran empresa que es la FIFA. Pero en lo que respecta al sorteo de la Copa del Mundo y la organización de los equipos en los ocho grupos, más allá de que los partidos deben jugarse y siempre puede haber sorpresas, no es ilógico que quienes la organizan hagan todo lo que esté a su alcance para que el torneo sea lo más beneficioso en materia económica.

Brasil podría cruzarse con España, Holanda o Chile en octavos de final. Viéndolo desde esa óptica, la FIFA habría dejado afuera del negocio al anfitrión del torneo poniéndole un cruce complicado. Pero esa situación, vista al revés, indica que España, Holanda o Chile podrían ser rivales del local en octavos, lo que seguramente no le gustará nada a ninguno de esos tres países.

En fin, cualquiera que se interiorice en la situación puede tranquilamente elaborar su propia teoría, pero lo que no debe dejar de lado es que la FIFA tiene tantas ganas de llenarse los bolsillos como los jugadores de levantar la copa. Y por eso, Blatter y compañía harán lo posible para lograrlo.

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