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Todo cambió para el defensor uruguayo tras su frustrado pase a Chelsea. Desperdició su carrera y hoy fue declarado inimputable por delirio agudo del homicidio de su padre.

“El fútbol va a salvar a mi familia”, suelen decir muchos padres, cuando se dan cuenta que tienen un hijo talentoso. Pero no siempre es así. A decir verdad, solamente el 0,014% de los niños que practican el deporte rey en Uruguay, llegan al máximo nivel por problemas diversos, como los que tuvo Jorge García, quien hace diez veranos ostentaba un fichaje para el Chelsea que nunca llegó, y hoy, vive una cruda realidad: será internado para tratamiento psiquiátrico tras ser declarado autor inimputable del asesinato de su padre.

Febrero de 2004. Tenía 17 años y un futuro más que prometedor como lateral izquierdo, capaz de desbordar tanto para asistir a sus compañeros, como para llegar al gol. Jugaba en Danubio, que históricamente formó jugadores de gran nivel internacional, y había defendido a Uruguay en el Sudamericano Sub 17 disputado en Bolivia un año antes, donde obtuvo el cuarto puesto.

Su entorno humilde, como el de tantos ídolos sudamericanos, se vio conmocionado el día en que sin haber debutado siquiera en la Primera División, un agente uruguayo llevó a Jorge hasta Inglaterra para mostrarlo a los entrenadores del Chelsea, quienes quedaron maravillados.

No quedó medio de prensa en el que no salieran sus padres, su novia y hasta algún vecino, hablando de cómo se imaginaban la vida que les esperaba en el Reino Unido. Pero jamás llegaron a conocer Inglaterra, porque todo quedó en la nada.

Su futuro fue, en cambio, completamente opuesto a la gloria. Su talento se vio constantemente cortado por suspensiones impuestas por el propio club por estar involucrado en episodios de violencia durante la noche. Agresiones a policías, sobornos, lo encontraron alcoholizado y con cocaína en el auto...

Una y otra vez los dirigentes intentaron hacer algo por él. Le pidieron varias veces que no volviera a su barrio, el Borro, que se alejara de las malas compañías... Pero volvía.

Una vez lo hizo para abrir una escuelita de fútbol junto a otro futbolista surgido en el mismo lugar, para ayudar a que las nuevas generaciones no pasaran por lo mismo que él. El propio club y sus compañeros lo apoyaron en ese emprendimiento, pero sus continuos regresos, acabaron siendo para “sacar a pasear” a sus “amigos”. Para que no se enojaran y no lo acusaran de que los dejaba de lado ahora que era profesional, los sacaba a dar una vuelta y casualmente siempre lo paraba la Policía y lo encontraba con algo prohibido, fueran armas o drogas.

Un día, Danubio tiró la toalla y lo dejó libre. Estuvo en Cerrito, en Cerro y en algún otro equipo, y volvió a quedar libre.

Hace un año, también en febrero y en ese barrio al que siempre estuvo atado, su madre fue asesinada tras recibir un tiro por la espalda durante la madrugada, en lo que la Policía catalogó como un ajuste de cuentas. La mujer formaba parte, según la Justicia, de una red de narcotraficantes.

Hoy, en marzo de 2014, diez años después de dar por ganado el partido antes de jugarlo, Jorge García está, con 27 años, esperando que la Justicia determine si mató o no a su padre.

Según las investigaciones, y durante una acalorada discusión, golpeó al hombre de 50 años con un cenicero de madera, mientras éste tomaba mate, pero todavía no está claro si falleció a raíz del golpe o a causa de un paro cardíaco.

Algunos medios se hicieron eco, en las últimas horas, de que el ahora fallecido, el mismo que diez años atrás les contaba lo maravilloso que sería cambiar el barrio para caminar por las calles de Londres y ver el Big Ben mientras esperaban la hora de ir a ver a su hijo correr por el césped de Stamford Bridge, realizaba cultos umbandistas y tenía en su humilde casa, habitaciones con santos y demonios.

Las pericias realizadas este jueves, según confirmó su abogado, determinaron que padece delirio agudo y por eso fue procesado como autor inimputable del homicidio de su progenitor, por lo que deberá recibir tratamiento psiquiátrico.

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