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Así como el excéntrico delantero italiano cuando jugaba en Manchester City, Teo Gutiérrez compró un auto y lo "camufló". ¿La única coincidencia?

En Europa, el paradigma de la excentricidad y también la polémica es Mario Balotelli. Adentro de la cancha tiene una categoría superlativa, pero tiende a ser noticia por cuestiones extrafutbolísticas. Su versión sudamericana podría ser cómodamente Teófilo Gutiérrez y ya dejó en claro por qué son comparables.

El jugador de River retiró anoche de una concesionaria de Puerto Madero una edición particular del auto Peugeot RCZ Coupé automático. ¿Qué tiene de especial? Que a la hora de elegirlo, le pidió a la empresa que se lo entreguen ploteado con motivos militares, camuflado para "ir a la guerra". Sí, como el domingo pasado en Lanús cuando enloqueció a la defensa Granate, y como se espera el domingo en el Superclásico que tanto ansía jugar.

"Parecía un nene, estaba feliz cuando se lo entregamos", comentó al diario Olé el dueño de la concesionaria. Tan feliz como estaba SuperMario en noviembre del año pasado, cuando llegó al entrenamiento de Manchester City con un Bentley V8, pintado de una manera similar a la del colombiano. "Es para evitar llamar la atención", dijo, irónico, aquella vez.

Si bien la diferencia es abismal entre los casi 60 mil dólares que costó el coche de Teo y los 258 mil dólares que pagó Mario, es evidente la pasión por los autos y la excentricidad.

Esta coincidencia dispara al recuerdo de otras situaciones en común. Teo quedó marcado en el fútbol argentino por aquella tarde donde sus compañeros de Racing denunciaron que sacó un arma en el vestuario, tras una derrota ante Independiente. Luego de aquel episodio fue suspendido y no volvió a jugar en el club.

De Balotelli y las armas qué se puede decir. Fue detenido en Italia por disparar con una pistola de juguete, mientras que un día se dedicó a lanzarle dardos a juveniles del City. Ambos coleccionan además peleas con compañeros y rivales, festejos de goles de manera provocativa y expulsiones totalmente absurdas.

¿Una historia más? Después de irse de Lanús sin permiso, se mostró en Barranquilla con una camiseta de River; el italiano, pese a haber surgido de de Inter, nunca negó ser hincha de Milan e incluso se vestía con la rossonera. Y ahora ambos juegan en el club donde querían. ¿Por capricho? Quizá. Porque todo ese talento que tienen dentro de la cancha para marcar goles, está afuera para disfrutar su dinero de la forma más excéntrica posible.

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