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Los Azzurri, el legendario equipo de Brasil 1970 y las conquistas de Fiorentina en el siguiente capítulo de una serie de crónicas sobre el extraordinario poder de creer.



¿Agua bendita? Lista. ¿El Rosario? Listo. ¿Agua santa? Lista.

Durante las recientes Eurocopa y Copa Confederaciones, el entrenador de Italia Cesare Prandelli y miembros de su cuerpo técnico realizaron peregrinaciones nocturnas a iglesias y monasterios locales, por lo general caminando desde el campo de entrenamiento azzurri. Uno de los predecesores de Prandelli, Giovanni Trapattoni, sin duda lo aprobaría. 'Trap' solía derramar agua bendita en la cancha antes del silbatazo inicial para entonces tomar su sitio en el banco de suplentes, donde sostenía con ansiedad su rosario y en ocasiones buscaba en su bolsillo un frasco de agua santa.


Test de Fe | Los métodos de Prandelli no sirvieron para obtener el éxito en la Copa Confederaciones

El exentrenador de la Selección de Irlanda, cuya hermana es monja, dirigió al equipo de Ciudad del Vaticano por una única ocasión en un partido contra la Guardia di Finanza (la Policía Financiera Italiana), entrenada a su vez por Roberto Donadoni, en octubre de 2010. Pese a una decepcionante derrota por 1-0, Trapattoni ha dicho que estaría genuinamente interesado en asumir un rol similar en la pequeña ciudad-Estado. Después de todo, tuvo un gran paso por Irlanda, claro...

La mano de Dios (la que mueve los hilos)

Mientras algunos jugadores piensan que son regalos de Dios, el delantero brasileño Dada Maravilha fue un paso más lejos en el Mundial de 1970. Después de que su convocatoria fuese confirmada, anunció: "Dios controla mis movimientos en la cancha y me habla. Me dice que marque goles y yo lo escucho". Dada también informó a los hinchar que el poder cósmico estaba de su lado. El espectáculo mostrado por Brasil en esta fase final no fue de este mundo, pero Dada tuvo que verlo desde el banco.

Florencia y la máquina de cantar

Son muchos los equipos que antes de saltar al campo de juego se concentran con música que les da la fuerza necesaria para afrontar un partido del fútbol. Sin embargo, mientras los jugadores actuales se ponen a “tono” con ritmos más modernos o reciben palmaditas en el pecho, no pasaba lo mismo en los años 60 en Florencia. El técnico de Fiorentina Bruno Pesaola insistía en poner en el vestuario las baladas del músico local Peppino Gagliardi antes de jugar los partidos como visitante. Al llegar a Génova un fin de semana, el pánico se apoderó de Pesaola que había olvidado el disco de Gagliardi.

Ante tal problema, no se le ocurrió otra cosa que alquilar un coche para recorrer los 500 km. que separaban ambas ciudades y motivar a sus jugadores con una nueva dosis de Europop almibarado. Funcionó. Fiorentina ganó el título de la temporada 1968-69, la segunda y última vez que el conjunto viola se hizo con el Scudetto hasta la fecha.

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