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Luiz Moura, editor jefe de Goal.com Brasil, analiza la llegada de Luiz Felipe Scolari para cumplir su segundo ciclo al frente de la Seleção.

Que me perdonen los hinchas de Botafogo, pero hay cosas que sólo pasan con la selección de Brasil. En cuanto a la política nacional, asistimos a un juicio que pretende mostrar a los brasileños que no siempre la impunidad gana, y que para el cargo más importante del país (nadie aquí duda de la importancia de Dilma Rouseff, pero...) son elegidos dos profesionales que, hace mucho tiempo, merecen únicamente una jubilación tranquila.

Que la Confederación Brasileña de Fútbol erró dos veces no hay dudas: erró al traer a Mano Menezes y al echarlo, cuando parecía que el gaúcho finalmente había encontrado un patrón de juego para el equipo. En verdad, acaba de errar por tercera vez. Porque no hay motivos, sino vanidad, para explicar la elección de Luiz Felipe Scolari.

Vamos a los hechos. Después de 1994, Carlos Alberto Parreira hizo óptimos trabajos: campeón varias veces con el Corinthians, recuperó parte de la autoestima tricolor y comenzó a enderezar al Fluminense al aceptar encarar la Série C, entre otros. ¿El premio? Técnico nuevamente de la Selección Brasileña en 2006. ¿El resultado? A pesar del pésimo fútbol mostrado, fue una juerga tal que nadie precisa que se la recuerden. Aquel momento podría haber sido su final.


Si hablamos de Felipão, el antecesor, después del título de 2006, hizo buenas campañas con Portugal, llevando al equipo luso a un nivel que no se veía desde la era de Eusebio. ¿Después? Un exilio en Uzbekistán, un boicot en Chelsea y un trabajo que avergonzaría a cualquier entrenador en Palmeiras, este año. "El fue despedido", dirán algunos. ¿Pero será que en su sano juicio algún presidente echaría a un entrenador del peso de Scolari que quisiera quedarse?

Pues sí, no se quedó y fue el gran responsable de la merma del Palmeiras (¿alguien puede explicar la cantidad absurda de jugadores de calidad altamente discutible que fue contratada?) y se escapó por la puerta de atrás, como diciendo "arréglense".

¿Y cuál fue el premio de los dos? Fundir a la empresa y, a cambio, ganar como premio la vice-presidencia del mayor departamento en la compañía. Fue más o menos lo que pasó.

Una Selección en "familia"

Pero, ¿como culpar a la CBF y sus dos hombres fuertes de sus relaciones oscuras con el pasado? Ellos no saben -o nunca supieron- lo que hacen.

Lo que se verá de aquí en adelante es una nueva versión de la "Familia Scolari", pero sin ser un reality show. Un grupo será llamado, cerrado y, como en un ejército, nuestros jugadores serán insuflados a encarar la Copa de 2014 como una guerra. Y ahí, "sólo la victoria interesa", como dice nuestro nuevo líder.

La Familia Scolari versión 2012 ciertamente tendrá varios miembros con los cuales muchos no estarán de acuerdo, serán incluso actores principales, que serán llamados por la fidelidad a nuestro gran lider. El dicho "el fin justifica los medios" será nuestro mantra en busca del hexa.

El tiempo es corto, Felipão tiene como principal defensa ser un técnico acostumbrado a la presión, capaz de montar equipos con rapidez. No sé lo que pasará, pero no esperen un fútbol mejor que aquel que reclamábamos que el equipo de Menezes practicara. No es la forma de Scolari. Ni la de Parreira.

¿Puede ganar? Claro. Probablemente, las otras selecciones ya nos están mirando de otra manera, sólo porque tenemos dos campeones mundiales de vuelta al mando. Sólo se trata de que no aparezca una Francia enfrente, o inclusive una Honduras.



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