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Chelsea jugó dos partidos y los ganó. Se luce, intenta, arrasa cuando quiere. The Special One tiene todo para suprimir la imagen que crearon sobre él.

The Special One está ante la oportunidad inmejorable. No de consagrarse, porque ya lo está. Porque ganó todo lo que se puso en su camino y su nombre ya está entre los grandes de la historia como entrenador. Pero la temporada 2014-15 es la que puede derribar para siempre la imagen que él mismo, pero sobre todo sus eternos detractores, formaron alrededor suyo.

A José Mourinho no le perdonan aún aquella semifinal de la Champions League del 2010, con Samuel Eto'o de 3 bis contra Barcelona. Pero no se trata del esquema en sí, sino de haber podido neutralizar al equipo perfecto, al modelo. Les dolió que lo espere con 11 y luego 10 jugadores en su campo, aunque olvidaron la paliza táctica de la ida. 

No importó que gane la final con Inter. Y lo contrapusieron al equipo catalán durante toda su estadía en Real Madrid. Ahí no ganó el certamen europeo, pero fue un dolor de cabeza. Hubo reproches por no conseguir la Décima con todas las figuras a su disposición. Lo haría Ancelotti un año después, con la base y sin la presión. Y volvió a Chelsea, el lugar donde es The Happy One.

Se mancó en la semifinal ante el Atleti del Cholo, por momentos un espejo. Un equipo luchador físicamente y arrollador desde lo psicológico. Una marca registrada en el portugués de Setúbal, que para la 2014-15 armó un equipo distinto, un sueño para el lirismo que tanto lo denostó, con el objetivo puesto a 10 años de dinastía. Y que quizás deba rendirse ante su capacidad, o espere agazapado para patearlo si falla.

Al menos en lo que mostró ante Burnley y Leicester, los Blues son un equipo para ver de pie. Que se adueña de la pelota, que la controla, la pasea por la cancha, que tiene rotación, que cansa al rival. Que tiene recursos para ganarlo en minutos. En los primeros, como en el debut. En el segundo tiempo, como este sábado.

Descansa en Cesc Fabregas, explota con Schurrle y Oscar, brilla con Hazard, liquida con Diego Costa, sobre quien dijo que era mejor que Falcao y Agüero: dos goles en dos partidos, para empezar a darle la razón. Como si fuera poco, es profundo con Azpilicueta e Ivanovic. Matic se acerca a Terry y Cahill para la resistencia. Son los únicos marcadores natos. Si necesita movimientos, esperan afuera Ramires y Willian. Y Didier Drogba, el ídolo que volvió, el que ganó prácticamente solo la Champions League, cuando se montó el equipo en sus hombros. Está de vuelta en Stamford Bridge porque siempre se vuelve al primer amor. Como Mou.

La Premier League y la Champions lo tendrán como animador, o al menos tiene todo para serlo. Porque ahí Mourinho sonríe, lo cual no es poco. Es el único 1. Invita a los hinchas a seguirlo, a los espectadores a mirarlo. Chelsea será un equipo para disfrutar. 

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