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Luego de la goleada que sufrió Arsenal en Anfield Road, Ariel Rodríguez analiza las claves del contundente triunfo Red y la falta de personalidad de los Gunners ante los grandes.

 Ariel Rodríguez
 Columnista Goal
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La obra maestra en el momento justo. Liverpool le dio a Arsenal una clase de cómo se deben jugar este tipo de partidos.

El bloque rojo dominó en todos los sectores. Es un bloque, claramente, hay un equipo que demuestra a la perfección qué es lo que busca. Máxima concentración y mucha chispa para presionar entendiendo los movimientos del rival. La pelota viene acá, pero en uno o dos toques estará allá o más allá. En todas esas posibilidades tenían que estar los de Rodgers, para no dejar pensar a Arsenal. Y estuvieron, nomás, pero también dejaron volar la imaginación al recuperar la pelota. Con las diagonales de los alfiles, un mapa de difícil lectura para los de Wenger.

Todo planificado, aunque si al empezar el partido llegaron dos goles, el rival se ahogó y cada lineamiento trazado se afianzó al punto de no dejar nada librado al azar. Skrtel, justo él cuando hablamos de diferencia de actitud, marcó los dos goles y enseguida llegaron dos más. Cuatro tantos en veinte minutos. Demasiada diferencia. Demasiada intensidad parecía pensar Özil mientras perdía la pelota y los alfiles rojos explotaban en velocidad. Siempre pensé que el alemán está hecho para ganar un Balón de Oro, pero los grandes partidos no lo ayudan. Materia pendiente. También para este Arsenal. Palizas ante el City y, ahora, Liverpool. 6-3 y 5-1. Parece imposible ganar la Premier. Habrá que aprender la lección para el próximo.

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Rodgers dijo que Sterling es el mejor wing del fútbol inglés. Partidazo del mejor exponente de lo que llamo “alfil” en este Liverpool. Futbolistas rápidos que entran y salen en cada jugada y que no dejan punto de referencia a los marcadores rivales. Muchas diagonales de Sturridge, Coutinho, Suárez y el propio Sterling. Imposible marcarlos. Están ahí…arrancan en velocidad sin puntos fijos y se hacen imparables. Ya no están más…

Sesenta minutos, Arsenal perdía 5-0 y Wenger señaló y sacó a tres jugadores. Afuera a tres, pero si tenía más cambios, también los hacía. Juntos, clara señal de fastidio. Casi como decirles “salgan, no merecen jugar más”. Özil fue uno de ellos. Siempre fue mi debilidad, siempre esperaré por sus mejores partidos en las grandes jornadas. ¿O es un tema de carácter sin solución?

El Maestro Wenger terminó negando con la cabeza. “Así no podemos jugar”. Le esperan en los próximos once días: Manchester United por Premier, Liverpool de nuevo, ahora por Copa, y nada menos que Bayern Munich en Champions League. Momento clave.

Mientras la goleada pasaba a la historia, Hazard iluminaba a Chelsea y Manchester City volvía a ser uno más. Bella Premier, que esto recién está comenzando y todo puede pasar. Aunque, si los alfiles de Liverpool repiten su actuación, será difícil detenerlos.

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