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La Premier League continúa con una peligrosa tendencia que les da poder a los dueños de los clubes, como a Vincent Tan, del Cardiff City.

Por cada nueva contratación en el furioso mercado de pases, se toman, en la Premier League, decisiones que desafían al más común de los sentidos. Detrás de las indudables virtudes de una liga cada vez más popular y globalizada, se esconden –aunque cada vez salen más a la luz- personajes que creen ser más importantes que los clubes a los que adquirieron y ponen en riesgo la identidad que esas entidades forjaron a lo largo de los años.

El último ejemplo es el del Cardiff City, donde juega el chileno Gary Medel. Un club de la capital galesa que participa de las competiciones organizadas por la Federación de Fútbol de Inglaterra. Hoy están en Premier League, pero durante años fueron animadores de las ligas de ascenso y participan anualmente de la tradicional FA Cup y la menos relevante Copa de la Liga.

Fue fundado en 1899 bajo el nombre de Riverside AFC (pasó a llamarse Cardiff City en 1905) y poco después abandonó su camiseta amarilla y marrón a cuadros y adoptó una completamente azul. De allí surgió su apodo: Bluebirds.

En 1920 fueron aceptados en la Segunda Divisón inglesa y el impacto fue inmediato. Lograron un segundo puesto que resultó en el ascenso a la máxima categoría y la temporada siguiente los vio terminar en cuarto lugar, a nueve puntos del Liverpool campeón.

Hasta el día de hoy son el único equipo no inglés en ganar la FA Cup (1927) y tras 51 años jugando en todas las categorías del ascenso, volvieron al escalón más alto del fútbol inglés de la mano del talentoso técnico escocés Malky Mackay.

Al mismo tiempo que el Cardiff City buscaba el ansiado ascenso, aparecían en escena dos empresarios malayos: Chan Tien Ghee y Vincent Tan. Tien Ghee se alejó en 2012 y todo el poder quedó para Vincent Tan. Su plan parecía claro, lógico, sin muchas vueltas: apoyar desde su inversión y darle al club la mejor chance posible de lograr el acceso a la Premier League.

Pero en el medio aparecieron matices. No menores. Polémicos. ¿Cuál sería la reacción del hincha promedio latinoamericano si un empresario llegara, comprara el club y decidiera cambiarle el color a la camiseta y también su escudo y emblema?

Vincent Tan lo hizo. Entre 1908 y 2012, los Bluebirds del Cardiff City vistieron camiseta azul. Desde 2012, Tan decidió que era mejor si la camiseta pasaba a ser roja. Y en lugar del simpático pajarito azul en el escudo, puso un imponente dragón rojo.

“En Asia, el rojo es el color de la alegría, el color de los festejos y las celebraciones,” dijo Vincent Tan para justificar el cambio radical que impuso en el Cardiff City. “El azul es el color del luto”.

Gracias al trabajo de Mackay y, hay que decirlo, a la plataforma económica que facilitaron los dueños, finalmente el Cardiff City garantizó su lugar en la Premier League.

Amado por los hinchas, Mackay comenzó a ser cuestionado por Tan y el empresario malayo llegó incluso a amenazarlo con el despido. Tanto jugó con la idea, que lo terminó concretando este viernes.

Una nueva y muy antipopular decisión de parte de un empresario que, a fuerza de billetera, se lleva puestos rasgos de la personalidad de un club y se carga también al hombre que logró lo que el club buscó durante más de medio siglo.

“Si los hinchas me reciben bien, puedo quedarme por mucho tiempo, pero si son irrespetuosos, tal vez tenga que buscar a otra persona para que compre el club e irme”, agregó Tan en tono amenazante.

¿Cuál es el límite? ¿Quién controla a estos multimillonarios que tratan a los clubes de fútbol como si fueran juguetes descartables?

La Premier League tiene hoy a 11 clubes cuyos propietarios o accionistas mayoritarios son extranjeros (uno de ellos es LeBron James, socio accionista del Liverpool), pero este fenómeno no se limita a la máxima categoría. En el Championship (Segunda División), 13 de 24 equipos pertenecen a magnates con capitales foráneos.

Antes de tomar control de cualquier club inglés, los inversores deben someterse y superar satisfactoriamente el llamado “Fit and Proper Person Test” (Examen de Persona Capacitada y Apropiada). Una especie de registro de antecedentes o de “control de calidad”. Una forma que tiene la Premier League como entidad, para tener la “conciencia tranquila” y saber que los fondos de estos millonarios no son mal habidos. Lo que no llega a filtrar este Fit and Proper Person Test es el conocimiento del paño que poseen estos magnates. ¿Cuánto saben de gestión deportiva? ¿Cuánto conocen de fútbol? ¿Qué saben acerca de lo que un hincha de fútbol quiere?

Mientras tanto, siguen desembarcando en Gran Bretaña ricachones rusos, malayos, estadounidenses y de otras latitudes, y la identidad del fútbol inglés sigue recibiendo golpes que, de a poco, comienzan a dejar marcas que el maquillaje de la liga más mediática del mundo cada vez tiene más complicada la tarea de ocultar.

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