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Después de la primera fecha de la Liga, Diego Simeone aseguraba que había un torneo aparte para Barcelona y Real Madrid. Casi medio año después, su equipo es único puntero.

"Real Madrid y Barcelona juegan un campeonato aparte, aburrido para el resto de los equipos que sólo pueden aspirar a ser terceros o cuartos". El 19 de agosto del año pasado, Atlético de Madrid comenzaba La Liga con una victoria 3-1 ante Sevilla, pero Diego Simeone no se veía preparado para que su equipo pudiera pelear demasiado y se sostuviera en el tiempo. A casi seis meses, el tiempo no le dio la razón.

Nueve días después de aquellas declaraciones, era derrotado sin perder: Barcelona se quedaba con la Supercopa de España gracias a dos empates, por el gol en condición de visitante. A diferencia de años anteriores, el Aleti le hacía frente a los Culés, que se habían cansado de ganar y golear en partidos previos. Algo parecía cambiar.

La gran queja del Cholo tenía que ver con la abultadísima diferencia entre los derechos de televisión que recibían el Barça y Real Madrid, con el resto de los equipos: de 1.052 millones de dólares en total, los dos gigantes se llevan 183.4 millones cada uno, lo que deja otros 685 millones para repartir entre los otros 18 clubes. El Colchonero es el tercero mejor pago con "apenas" 63.3 millones de la moneda estadounidense.

Y para completar con los números y el abismo denunciado cuando la temporada recién amanecía, la balanza entre compra y venta de jugadores dice muchísimo: los Merengues gastaron 220.5 millones de dólares (sobresale Gareth Bale), Barcelona desembolsó 94.5 millones (con Neymar al tope de la lista), y Atlético sólo 48.5. ¿Qué es lo más llamativo de todo? Que invirtió 23 millones en Josuha Guilavogui y Leo Baptistao en agosto, y pocos meses después se desprendió de ambos y apenas recuperó 2 millones con la cesión del brasileño.

Cuando Radamel Falcao García decidió aceptar la suculenta oferta de Mónaco, parecía llegar la noche al Vicente Calderón. Se iba la figura de la última UEFA Europa League obtenida y de la Copa del Rey, para que llegue David Villa después de un paso en falso por Barcelona.

El domingo 2 de febrero provocó un cambio en las estadísticas históricas: después de la derrota del equipo del Tata Martino ante Valencia, Atlético de Madrid venció sin problemas a Real Sociedad y llegó a la punta en soledad, algo que no ocurriía desde la última fecha de la temporada 95-96, último título liguero con el propio Simeone vistiendo la camiseta número 14. Y como si fuera poco, le puso fin a 59 jornadas consecutivas de los catalanes en lo más alto, ya sea solos o acompañados.

Si aquella liga de dos de la que hablaba el Cholo ya no es tal, es porque su equipo no le teme a nadie y parece imparable. Así lo afirma la estadística, que lo coloca con 18 partidos ganados sobre los 22 que jugó, mientras que empató tres y perdió el restante, ante Espanyol en la fecha 9. Porque si bien no es el equipo con más goles (lleva 56 mientras que Real Madrid tiene 61 y Barcelona, 59), sí posee la valla menos vencida con 14, dos menos que los Culés y ocho menos que sus vecinos de ciudad.

Los 16 partidos que restan para el final del campeonato parecen una eternidad. Ponerse definitivamente el traje de candidato puede ser una mochila. Pero el Aleti parece preparado: porque tiene a Diego Costa, porque repatrió a Diego Ribas y porque va de la mano de un técnico definitivamente ganador, que encuentra en el Calderón su casa y que tiene como objetivo repetir el título que ya ganó como jugador para ser parte de la historia. O ser, él mismo, la historia del Colchonero.


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