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La posible inclusión de Diego Costa en el seleccionado de Vicente Del Bosque levantó la polémica sobre los jugadores nacionalizados. Goal propone el debate y expone dos posturas

DEBATE
Por Carlo Garganese & Paul Macdonald

Diego Costa es sin dudas el jugador del que todos hablan en España y Brasil en estos momentos. El delantero de 25 años disfruta de un gran momento en la Liga española (convirtió 10 tantos en 8 partidos) siendo líder en la tabla de goleadores, por encima de Messi y Cristiano Ronaldo. La semana pasada, el brasileño hizo ruido cuando prometió su lealtad a los campeones de la Copa del Mundo.

A pesar de haber jugado con Brasil a principos de año en dos partidos amistosos frente a Italia y Rusia, Costa puede ser citado por España al tener más de cinco años como residente español y no haber disputado un juego oficial con Brasil.

Explicada la regla, Carlo Garganese y Paul Macdonald se paran en veredas opuestas y dan su parecer en esta polémica.

"FIFA DEBE TOMAR EL CASO COSTA COMO EJEMPLO"



Por Carlo Garganese

Si Diego Costa juega en España, entonces vamos a tener la confirmación oficial de que el fútbol internacional es una farsa. El del Atlético Madrid jugó dos veces para Brasil recientemente, en los amistosos contra Italia y Rusia. El hecho que se le pueda permitir cambiar de país en poco más de seis meses sería una burla de este deporte.

Mires donde mires hay jugadores naturalizados que no deben ser elegibles para sus nuevas naciones. En el último año, Qatar ha convocado a 15 jugadores que no nacieron en el estado del Golfo. El número de brasileños que recientemente aparecen en países de adopción es vergonzoso. Thiago Motta para Italia, Pepe en Portugal, Douglas en Holanda, y la lista sigue y sigue. Como presidente de la FIFA Joseph Blatter advirtió en 2007: "Si no detenemos esta farsa, si no nos preocupamos por los invasores de Brasil, en la Copa del Mundo de 2014 o 2018, de los 32 equipos tedremos 16 llenos de jugadores brasileños".

Ahora
es el momento de la FIFA para ponerse duro y usar el caso de Diego Costa como ejemplo. Se requieren reglas más estrictas, una de los cuales debe ser que no se puede jugar partidos internacionales por dos equipos diferentes, sean amistosos u oficiales.


¿Hemos entrado en
una máquina del tiempo y vuelto a la década del '30, cuando Italia ganó la Copa del Mundo con los oriundi?. O los tiempos del General Franco con Ferenc Puskas jugando para España luego de haber hecho de Hungría una potencia en el Mundial del '54 o el caso de Alfredo Di Stefano, primero jugando en Argentina, luego Colombia y finalmente España?

Al igual que la desesperada búsqueda del joven belga
Adnan Januzaj por parte de Inglaterra, España no debe permitirse el llamado de Diego Costa.

"DIEGO COSTA NO ES UN PASAPORTE EN ALQUILER"


Por Paul Macdonald

Diego Costa ha vivido en España durante más de cinco años, y ha adoptado la nacionalidad española. Las reglas de la FIFA son claras como lo fueron siempre en el tema de los jugadores nacionalizados, y este ejemplo cae dentro de los límites de las normas y de la decencia común.

Los detractores se basan en los dos amistosos que Diego Costa ingresó desde el banco jugando para Brasil, pero FIFA siempre ha sido firme con su postura sobre los partidos no oficiales.

A pesar del gran momento de Diego Costa en Atlético Madrid, es evidente que Felipe Scolari no está convencido en contar con su talento. En la última Copa Confederaciones tuvo la oportunidad de citarlo tras la lesión de Leandro Damiao pero no lo hizo, aún sabiendo que podía haber evitado todo este problema.

Ahora los campeones del mundo se fijaron en él. ¿Qué pensará Diego Costa al respecto?. Se encuentra en un país donde ha desarrollado y refinado su estilo de juego imponiendo su personalidad. Seguramente le sobran motivos para jugar la Copa del Mundo para España.

Este no es un ejemplo de un brasileño con pasaporte en alquiler, escapando de África o el Medio Oriente con el fin de obtener el reconocimiento internacional por un tecnicismo. Recientemente, una modificación de los estatutos de FIFA ha restringido enormemente el concepto de mercenario internacional. Para Costa, esto representa un verdadero cambio sobre la base de circunstancias personales.

La crítica de Scolari, comparando el caso Costa con Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskas, es tan antigua como la época que se refería. Lo más probable es que Felipao siente que su desconfianza en Costa, le ha costado los servicios de uno de los jugadores más codiciados en el fútbol europeo. El desaire en la Copa Confederaciones es culpa de Scolari, no de FIFA, y ciertamente tampoco es de Costa.

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