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El equipo blanco se aferra a sus opciones de acabar bien el año para amortiguar la mala primera mitad de campeonato antes de las navidades. El Celta ya perdió en el Bernabéu.

La Copa del Rey vuelve a hacer acto de presencia en nuestras vidas. Esta vez de la forma más sibilina posible, casi escondida entre fechas, como buscando refugio y amparo, con una diferencia de casi un mes entre el partido de ida y el de vuelta por la ocurrencia de los operadores televisivos y la complacencia de los que dicen gobernar en el fútbol español. Lo que le faltaba ya a una competición prostituida anteriormente por el interés de los grandes en que no exista demasiado interés hasta las últimas rondas del torneo.

Sea como fuere, y después de eliminar respectivamente a Alcoyano y Almería, Real Madrid y Celta de Vigo se ven las caras este miércoles en el partido de ida de los octavos de final, en Balaídos. Un partido para el que el equipo blanco no cuenta con margen alguno de error. Sí tiene un partido de vuelta tras las navidades para cerrar la eliminatoria, pero no caben ya más resbalones en la cuenta del equipo blanco en este 2012.

El objetivo es terminar este glorioso año para el madridismo de una forma acorde a lo que ha sido la primera mitad del año, y para ello no hay otra alternativa que la victoria en los tres partidos restantes: ante el Espanyol, el Málaga, y por supuesto el Celta. Un equipo que ya sucumbió ante los blancos en Liga, en el Santiago Bernabéu, por un 2-0 con los más que oportunos goles de Higuaín y Ronaldo de penalti.

A priori, como ya sucediera con el Valladolid, el Celta es un rival que beneficia al Real Madrid por su perenne intento de jugar el balón en todas las circunstancias. Ahora, sin el peso de la clasificación, es un arma de doble filo, con jugadores a los que ni mucho menos les quema el balón en los pies, como Iago Aspas o Krohn-Dehli, entre otros. El Valladolid ya jugó este sábado a no encerrarse, a buscar la victoria, y si no la encontró fue sólo por la genialidad de Ozil, que rescató a un Madrid que se atora con el marcador en contra fuera de casa.

Es por ello que este partido, aunque no tanto la eliminatoria en sí, se presenta muy entretenido, a pesar de los pesares. Del formato de la competición, del sistema de elección de fechas, de la diferencia de puntos en la clasificación, y hasta de las lesiones que arrastra el Real Madrid. Ambos equipos tienen mucho fútbol en las botas, y sólo ya por eso merece la pena esta Copa del Rey por muchas trabas que se le pongan de por medio.

En el Real Madrid, como viene sucediendo en los últimos partidos, faltarán los lesionados Higuaín, Marcelo, Albiol y puede que también Coentrao, pese a que ya se está entrenando con el resto de sus compañeros, casi con total normalidad. Dadas las circunstancias y que el Celta no es ya un rival de Segunda B como el Alcoyano, no se espera una revolución de canteranos para este partido, aunque sí puedan tener minutos algunos de los menos habituales de la primera plantilla.

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