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El 14 de noviembre de 1976, Diego Armando Maradona convertía sus dos primeros goles en la Primera de Argentinos Juniors en una victoria 5 a 2 sobre San Lorenzo de Mar del Plata.

Los arqueros suelen inmortalizar su nombre en la historia del fútbol por grandes atajadas, campañas inolvidables o pocos, realmente muy pocos, por goles épicos. Otros, casi un ínfimo porcentaje, derrotan al calendario y se instalan en la perpetuidad por ser víctimas. Un gol recibido, en cualquier caso una deshonra, a veces convierte el espíritu de un hombre en inmortal.

Cuando Rubén Alberto Lucangioli falleció el 30 de marzo de 2005, ya se había convertido en una leyenda. Marplatense, defendió los colores de Al Ver Verás (campeón invicto de la "B" local), San Lorenzo de Mar del Plata, Kimberley y Aldosivi. Recordado por quienes lo disfrutaron como uno de los mejores arqueros de las décadas de los 60 y 70, dos goles lo hicieron trascender la barrera temporal.

36 años atrás, en otro soleado 14 de noviembre, Argentinos Juniors visitó el desaparecido Estadio San Martín de Mar del Plata para enfrentar al San Lorenzo autóctono. El Bicho, de irregular campaña, visitó la ciudad costera con el pibe sensación en su plantel. Diego Armando Maradona, con 16 años recién cumplidos, estaba en el banco de suplentes. Ingresó en el segundo tiempo por Alcides Giordano y, en su quinto partido, marcó sus dos primeros goles como profesional. El conjunto de La Paternal triunfó por 5-2. Lucangioli, frustrado, jamás hubiera podido predecir el futuro.

Ese pibe que festejó por duplicado en la tarde marplatense se convertiría a la postre en el mejor jugador de la historia. Amado en todo el mundo, Dios del fútbol mundial, héroe de los miserables, ilusión de los desposeídos. Fue el prólogo de su eyección hacia los cielos. Lucangioli, sin siquiera saberlo, se convirtió en un hombre que conquistó la eternidad del fútbol argentino por los dos goles recibidos.  

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