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Los argentinos conocemos bien a varios de los jugadores que enfrentarán este viernes a la Selección. Colombia tiene todo para ganarle a Argentina y también para dar espectáculo.

Argentina tiene una ventaja de jugar contra Colombia ahora: enfrenta al rival más difícil –aunque de local- en un momento en el que ya tiene casi sellada su clasificación al Mundial de Brasil. Y por eso sería demasiado exagerado hablar de miedo de enfrentar a uno de los dos mejores equipos de las Eliminatorias. Si fuera un partido definitorio, la tensión de recibir a los cafeteros sería mucho más grande.

Colombia tiene al mejor delantero del mundo de todos los que no son Lionel Messi. Cada vez que la pelota le llega a Radamel Falcao García, hay riesgo serio de que enganche y, de derecha o de zurda, la clave en el ángulo más lejano al arquero. Es peligroso con su cabeza, con sus remates desde fuera del área, con su cara, con su presencia, con cualquier cosa. Mucho más ante una pareja de centrales que se entiende bien pero que no brilla por su nivel individual.

Más allá de lo que haga Falcao –con la ayuda de Teo Gutiérrez, si juega-, José Néstor Pekerman debe saber perfectamente que Argentina ataca mucho mejor de lo que defiende, en especial por los costados. Con dos laterales que llegan hasta el fondo con facilidad, como Camilo Zúñiga (o Cuadrado) y Pablo Armero, se le pueden abrir espacios, en especial si le buscan hacer el 2-1 a los defensores rivales. James Rodríguez y quien vaya por derecha (Sánchez o Ramírez) pueden ser los socios ideales para los que vengan de atrás.

Más allá del resultado del partido, Argentina le tiene que dar la bienvenida a Abel Aguilar. Volante central que le haría pagar la entrada a cualquier amante del fútbol. Si no se mete demasiado atrás, es el que puede romper el doble cinco que armarán Mascherano y Biglia con sus pases entre líneas.

Los nombres de Pekerman pueden cambiar. Pero la idea de quitarle la pelota a Argentina, no. La paradoja que eso crea es que a ninguno de los dos le molesta eso. La Selección de Sabella aprendió a jugar de contra, con los rápidos arriba, y aprovechar los pocos momentos en los que consigue la posesión.

Colombia llegó a Buenos Aires con la moral alta. Nada que ver con aquel equipo contra el que Argentina despegó en la primera ronda. Acá se conoce muy bien cómo logra el profesor que todos jueguen para él y que su idea de pelota por el piso pueda lastimar a una Selección que lastima tanto como se deja lastimar.

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