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La lesión del volante de Boca, que llegará con lo justo al Mundial, complica los planes y obliga a Alejandro Sabella a pensar en las alternativas para asociarse con la Pulga.

Es indiscutible que el nivel de Fernando Gago desde que llegó a Argentina hace 14 meses, en enero del 2013, dista muchísimo de lo que se esperaba por su talento. En Vélez se la pasó más tiempo lesionado que en actividad, mientras que en Boca fue intermitente con más partidos en deuda que buenos rendimientos. Sin embargo, su lesión en la rodilla que le demandará dos meses de recuperación es un problema serio para Alejandro Sabella de cara a la Copa del Mundo.

Porque Pintita estará lejos de su mejor forma, pero en cada partido con la Albiceleste fue el mejor socio que tuvo Lionel Messi a la hora de la gestación, al transformarse en el eslabón fundamental de la transición desde la última línea hacia el ataque. Porque retrocedía a buscar la pelota que los pies de Romero, Garay o Fernández y se la servía con claridad a la Pulga para que tuviera la cancha de frente.

Basta con recordar aquel partido en Santiago, donde el equipo no le encontraba la vuelta a Chile hasta que el mediocampista Xeneize filtró un pase y el 10 hizo lo que mejor sabe en el área: dejar rivales tirados y definir. Claro, el pase anterior fue determinante para completar el movimiento. Ese pase fue de Gago, quien completará su rehabilitación a dos días del duelo ante Bosnia y Herzegovina, sin la preparación adecuada en el mes previo.

Toda esta situación pone a Alejandro Sabella en la necesidad de trabajar en las alternativas, con dos meses para hacerlo. Y es una de las personas que lo llevaron al lugar que hoy ocupa es el futbolista ideal, de no ser por su actualidad física y las lesiones permanentes: Juan Sebastián Verón. En su último campeonato como profesional, demostró que los 39 años no pasaron para su gigantesco talento, pero sí para su físico con dos lesiones musculares en dos meses.

Pero lo demostrado en los siete partidos que pudo disputar para Estudiantes, líder del Torneo Final, invita a verlo así en Brasil. Porque la Brujita arranca en posición de defensor central con la pelota bajo la suela y es capaz de trasladar hasta la posición de Messi o Di María, como así también de lanzar un pelotazo profundo donde quiera que caiga la pelota. El problema, como ya fue mencionado, es que difícilmente pueda soportar el trajín de un encuentro cada cinco días. Y dar ventaja en un Mundial significa una eliminación y una frustración. De todas maneras, los últimos destellos del ídolo Pincha llevan indefectiblemente a la idea de arriesgar.

La salida fácil para Sabella sería pensar en un cambio nombre por nombre, donde el elegido debería salir de Éver Banega, Esteban Cambiasso o Lucas Biglia, todos ellos habituados a jugar como segundo volante central. Sin embargo, ninguno de ellos está en las condiciones adecuadas para hacerse cargo de la titularidad en un Mundial. El problema que acarrea el actual jugador de Newell's es su bajo nivel y no haber podido lograr diferencias en el fútbol argentino, además de haber quedado eliminado en la Copa Libertadores donde nunca gravitó; el futbolista de Lazio es un habitual convocado, pero parece a años luz de la figura de Gago; y el Cuchu nunca lo fue durante este ciclo y, cuando estaba por ser evaluado en el amistoso con Rumania, una lesión muscular se lo privó. Ya en la curva descendente de su carrera, con la imagen de la eliminación con Alemania en el 2006, sería llevar un jugador por lo que supo ser y no por lo que puede hacer.

Si Pachorra tiene una carpeta de alternativas completa, hay una que podría aprovechar. ¿El problema? Lo obliga a improvisar y no es algo que lo seduzca. Pero por qué no animarse a pensar que, a lo largo de la temporada en Real Madrid, Ángel Di María demostró su versatilidad para jugar como mediocampista interior y no solo como extremo izquierdo. Se resignaría su explosión, aunque podría aprovecharse como armador de juego y dejar la banda izquierda por ejemplo a Ricardo Álvarez o la derecha a Maxi Rodríguez, otro que llegará con lo justo por una lesión. El Fideo, que en cada partido demostró que está lejos de su techo, está en condiciones de pararse unos metros adelante de Mascherano para pedir la pelota y salir con la cabeza levantada.

Resta una posibilidad. Remota. Que ya utilizó, pero solamente en situaciones adversas como jugar en la altura: el 4-4-2. Que Messi juegue de punta y acompañe a Higuaín o a Agüero. La adversidad es esa O. El Pipita y el Kun deben jugar juntos, con Leo atrás, al costado, en movimiento. Pero los dos juntos. Dejar a uno en el banco sería como arrancar 0-1 en lo anímico. Se incluye en ese análisis simplemente porque podría pasar, pero está lejos de tener que pasar.

El abanico de posibilidades es grande, pero no tanto como el dolor de cabeza para el técnico argentino cuando leyó el parte médico de Gago. Porque pierde al jugador que, durante su ciclo, mejor se entendió con Lionel Messi, la gran figura. Y a dos meses del Mundial, la decisión que tome no tendrá vuelta atrás.

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