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La CBF decidió despedir a Mano Menezes, a menos de dos años del Mundial que se celebrará en Brasil.

"Desde julio de 2010, conduciendo el sueño de 190 millones de corazones verdeamarelos". Mano Menezes todavía no actualizó el perfil de su cuenta de twitter (@manomenezes) pero aprovechó la instantaneidad de las redes sociales para comunicarse con el mundo: "No soy más el técnico de la Selección. Le agradezco a todos los que trabajaron conmigo en este proyecto, especialmente a los jugadores. Deseo, desde ya, el éxito de la selección en el sueño máximo de la torcida (sic) que es el hexacampeonato en Brasil 2014".

Son tiempos de profunda crisis para el Scratch. Los fantasmas eternizados del épico Maracanazo amenazan con repetirse en 2014. Mano Menezes, sin apoyo de la cúpula dirigencial de la Confederación Brasilera de Fútbol encabezada por su Presidente José María Marin, fue despedido dos años después de asumir su cargo tras el fracaso de Dunga en Sudáfrica 2010. En enero, cuando reste poco más de un año para la cita máxima en casa, anunciarán a su reemplazante.

Menezes, quien había construido en la Serie B los cimientos del futuro Corinthians campeón de América, arribó a la Selección con el único objetivo de comandar un paulatino recambio generacional que llegara en su punto álgido de rendimiento al próximo Mundial. Los resultados le dieron la espalda en la Copa América y, más preocupante aún, en los últimos Juegos Olímpicos. Seguramente no haya sido un factor concluyente para semejante decisión, pero la derrota frente a México en la final de Londres fue la estocada de un proceso que en los últimos meses fue una lenta agonía hacia un final anunciado.

El pasado no sentenció su ciclo, si un futuro desolador. Fueron dos años de continuas decepciones frente a rivales de menor calaña. La tendencia se estiró en la única competencia oficial del ciclo, unos Juegos Olímpicos en los que su equipo avanzó por el peso diferencial de sus estrellas. El preocupante rendimiento colectivo, una identidad apática, figuras que no pudieron asumir las responsabilidades de una herencia pesada y la sensación de que el panorama era irreversible fueron el detonante para una decisión que también tiene un trasfondo político: Marín, por considerarlo una herencia pesada de la era Teixeira, estaba agazapado. Andrés Sanches, coordinador de las Selecciones Nacionales, lo deslizó en sus declaraciones: "Puedo entender y respetar la decisión de la Confederación, pero estoy en contra de detener el proceso, el cual creo que iba por el buen camino. Estoy seguro que es un mal momento para despedirlo".

La incertidumbre domina el escenario del próximo Mundial de fútbol. La preocupación recurrente de la FIFA por el retraso en la construcción de los estadios es otro de las aristas oscuras del próximo Mundial. Brasil, histórica potencia, desempolvó una vieja tragedia nacional: los espíritus de Ghiggia y Varela brindan, eternos, en las cercanías del Maracaná. Su dirigencia actuó en consecuencia para evitar otro estrepitoso fracaso en su propio hogar.

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