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La derrota de Racing abre una incógnita porque no sólo perdió porque su rival fue superior sino que también cometió errores conceptuales en aspectos básicos del juego.

El partido perfecto no existe. Pero quien cometa menos errores probablemente se quede con la victoria, como ocurrió con Boca, que estuvo lejos de ser un equipazo y sin embargo podría haber goleado a un Racing que tuvo todo tipo de errores empezando por el planteo del partido.

Es cierto que el desenlace podría haber sido otro si en aquella jugada del primer tiempo José Sand no le hubiese hecho el favor a Schiavi de esperarlo para que interceptara su remate. No obstante, el primer error lo cometió Luis Zubeldía al ubicar a Matías Martínez como lateral derecho, puesto que nunca ocupó. El argumento de esa decisión fue la búsqueda de “altura”, pero no parece algo muy coherente, ya que en caso de ser necesario un defensor que se destaque en el juego aéreo, ése debería estar en la dupla central y no en la parte externa de la última línea.

Además,  si bien Julio Falcioni ya no cuenta con delanteros como Pablo Mouche, que con su velocidad pueden llegar a complicar, tanto Clemente Rodríguez como Juan Sánchez Miño se hicieron un festín por la banda izquierda del ataque, donde hubiese hecho falta un jugador de similares características para dificultarles la tarea a los Xeneizes.

La calidad de Santiago Silva es indiscutible, no es la primera vez que define por encima de un arquero y lo ha hecho con la pelota en movimiento, picando y hasta empalándola. Pero antes de que el delantero uruguayo recibiera, hubo dos errores de la defensa de Racing. El primero y quizá más importante, porque es conceptual, es que Ortíz y Cahais estaban casi en el círculo central cuando Ustari se preparaba para sacar, algo muy arriesgado porque había mucha distancia entre ellos y Saja. La segunda falla fue individual y le tocó a Cahais ser el responsable, pero no hay que condenarlo por un despeje fallido, aunque sí debe hacer hincapié Zubeldía en que ante un envío largo la zaga central debe estar de frente a la pelota y no corriendo atrás del delantero.

El conjunto de Falcioni también tuvo sus grietas pero Racing no supo aprovecharlas. En cambio, Boca leyó el partido con mucho criterio y hasta se sobrepuso a la lesión de Walter Erviti, reemplazado por Sánchez Miño que jugó un partido notable.

Ya en el segundo tiempo y con dos goles de ventaja para Boca, los conceptos de orden y prolijidad quedaron al margen y el partido se hizo de ida y vuelta.  Zubeldía puso todos los delanteros que pudo y los atacantes de Falcioni se aburrieron de desperdiciar situaciones clarísimas, inclusive una en la que Chávez pateó con todo el arco a disposición y el remate fue despejado sobre la línea por Cahais.

Todavía no se logró una articulación eficaz entre Pelletieri y Camoranesi, mientras que Villar parece ser la incorporación que más rindió en estos dos partidos con buena presencia para recuperar la pelota y criterio del mediocampo hacia adelante.

El único que merece un elogio, no sólo por haber marcado el gol del descuento sino por su pedido explícito de jugar la final, arriesgando su físico ya estando transferido, es Valentín Viola. Su sueño era irse de Racing saliendo campeón y luchó por eso durante los 90 minutos con un ímpetu admirable para ser un joven de apenas 20 años.

En conclusión, los que debían defender no lo hicieron correctamente, quienes tenían que encargarse de recuperar se vieron desbordados y el que tenía que meter los goles, en ningún momento pateó al arco.


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