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El gales pasó de héroe de los Spurs a Galáctico por un acuerdo de 137 millones de dólares (€100M), la mayor transferencia del último mercado de pases europeo y de la historia.

Gareth Bale tuvo que esperar hasta el final del último mercado de pases para poder sentarse en la sala de reuniones en el Santiago Bernabéu, firmar su contrato por seis años en Real Madrid y convertirse en el jugador más caro de la historia.

El galés ya había sido presentado a sus nuevos seguidores como el jugador que describió a su millonario pase (100 millones de euros o 137 de dólares) como “un sueño hecho realidad”, tras conocerse una foto de él con una camiseta de Real Madrid a los nueve años.

El interés de los gigantes de España por Bale era de larga data: ya habían intentado primero ficharlo por más de 40 millones de dólares en 2011. Pero el presidente del Madrid, Florentino Pérez, decidió redoblar la apuesta con el claro objetivo de quedarse con el jugador, mucho más después de haber perdido ante Barcelona la carrera por Neymar.

A pesar del deseo frecuentemente expresado de Bale para jugar en España, los Spurs habían comenzado el verano europeo con mucha confianza en mantener a su jugador estrella e incluso esperaban que firme un nuevo contrato, después de que anotara 26 goles en la campaña 2012-13.

Daniel Levy, presidente de Tottenham, estaba desesperado por mantener a Bale, incluso después de que los londinenses no clasificaran a la Champions League, y estaba dispuesto a ofrecerle un sueldo impresionante que hubiera prácticamente igualado el increíble número de 24.7 millones de dólares anuales que actualmente cobra en la capital española.

Las miradas de la prensa española se habían posado en White Hart Lane, tras las declaraciones de una leyenda del Real como Zinedine Zidane, una presencia habitual en los partidos de los Spurs durante la última temporada. Así, Bale incrementó sus apariciones en Marca TV, perteneciente a Jonathan Barnett, presidente de Stellar Group.

Pero fue sólo después de una reunión cara a cara entre Levy y Bale, durante el Trofeo Barclays Asia en Hong Kong el pasado julio, que los Spurs admitieron que enfrentaban una verdadera batalla para retener al jugador, ante el avance del conjunto español.

Bale le suplicó al presidente que llegara a un acuerdo con Real Madrid, temiendo el últimatum de "ahora o nunca" que le pusieron los españoles y entendiendo que podría ser su última oportunidad para completar la transferencia y tener la chance de jugar junto a su ídolo, Cristiano Ronaldo.

Posteriormente, Bale afirmó estar sufriendo una serie de lesiones y se negó a participar en la pretemporada de Tottenham para evitar poner en peligro el acuerdo. Se entrenó por su cuenta, lejos del resto del primer equipo, y nunca volvió a los entrenamientos.

Levy había, por lo tanto, aceptado que vendería a Bale, pero sólo si Real Madrid estaba dispuesto a pagar una cifra récord: 132 millones de dólares.

En privado, Real Madrid estaba dispuesto a pagar casi 165 millones por Bale, pero estaban tan exasperados por las tácticas de negociación obstinadas de Levy, que se negaron a pagar más de 132 millones, una cifra mayor a la que pagaron por Ronaldo en 2009.

La postura de Tottenham se vio favorecida por el interés de Paris Saint-Germain y, más significativamente, de Manchester United. El club de la Premier League buscaba entregarle al nuevo gerente, David Moyes, un fichaje de primer nivel para comenzar su mandato. El club de Old Trafford estaba dispuesto a pagar cerca de 150 millones por el fichaje de Bale, pero el exjugador del Southampton, que le costó a los Spurs sólo 14.7 millones de euros, ya había decidido que sólo se trasladaría a Madrid.

Enfurecido por la arrogancia del Madrid, sobre todo cuando antes de tiempo construyeron un escenario para la presentación de Bale en el Bernabéu, los Spurs echaron para atrás el acuerdo como Levy y le pidieron más dinero a Pérez, que le garantizara a los londinenses estar en condiciones de ir en búsqueda de otros refuerzos.

Los Spurs gastaron más de 165 millones de dólares en siete internacionales antes de oficializar la partida de Bale, en el penúltimo día del mercado de pases y poco después de que el entonces equipo de André Villas-Boas perdiera el derby ante Arsenal.

Ese domingo, los dos clubes pasaron horas discutiendo sobre el texto exacto del contrato, con el equipo inglés con la esperanza de anunciar el pago. Y finalmente, Real Madrid convenció a los dirigentes ingleses de no divulgar el valor del acuerdo, por el cual pagaron alrededor de la mitad por adelantado, ya que no querían disgustar a Cristiano Ronaldo, con quien ya habían acordado verbalmente un nuevo contrato de cinco años.

Hubo una nueva molestia de Tottenham, cuando Real Madrid vendió a Mesut Özil a sus acérrimos rivales de Arsenal, en un acuerdo de 68 millones de dólares en el último día del mercado, a pesar de haberle dicho a los Spurs que el alemán no saldría a cualquier precio.

Bale, por su parte, llegó a cumplir su sueño. Ya había estado aprendiendo español durante los últimos dos años y medio y se asentó rápidamente en Madrid junto a su familia, así como su agente Josh Barnett.

Había preocupación entre sus allegados por la falta de pretemporada de Bale, que podía obstaculizar su carrera en su nuevo club, una situación que se confirmó en sus primeras exhibiciones en el equipo, en el que se lo vio fuera de ritmo, sobre todo en su primera derrota en el derby ante Barcelona .

Pero actualmente, Bale ya alcanzó su mejor forma física y lo está demostrando con goles y asistencias, que comienzan a justificar su título de jugador más caro del mundo.

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