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Como si siempre se hablase del 'nuevo Maradona', hoy cualquiera vale una fortuna. La sobrevaloración del mercado tiene un origen, una continuidad y un mentor: Florentino Pérez.

El reciente surgimiento de variadas pero similares afirmaciones sobre supuestos valores de algunos futbolistas top despierta –bruscamente- la atención, obliga a detenerse en las cifras de las que se hablan e invita a reflexionar. Que Gareth Bale vale 133 millones de dólares... que Edinson Cavani le costó a PSG 85M y Monaco desembolsó 80M por Radamel Falcao o que Lionel Messi vale 770 millones... ¿No será mucho?

Estos precios se tornan tan llamativos debido a lo elevados que son y a que hace tiempo que ya no se habla de un caso único que cueste una fortuna, sino que ahora se trata de varios jugadores por los que se piden importes estratosféricos, sin importar quién sea o como si se estuviera constantemente ante el nuevo Maradona.

Tomando como referencia al propio Pelusa, nos encontramos con que a principios de los ‘80, luego de erigirse como símbolo y figura absoluta del Boca Juniors campeón de 1981, Maradona protagonizó la transferencia más cara de la temporada en todo el mundo. Barcelona pagó -lo que hoy serían- 10. 5 millones de dólares. Para la realidad económica de los clubes de la época, esa cifra era galáctica de verdad. Es decir, se podía llegar a pagar eso, pero sólo por el mejor de todos, por el caso único. No se sobrevaloraba a nadie.

Por el contrario, en la actualidad, ya no se pagan grandísimas sumas de dinero por el mejor de todos, sino por todos los mejores. Es decir, se abonan números imposibles por muy buenos futbolistas que, sin desmerecer sus cualidades, son excesivamente sobrevalorados y que así, construyen una suerte de mercado paralelo, en el que sólo algunas pocas instituciones pueden zambullirse.

Esta sobrevaloración del mercado tiene un origen. A principios del siglo XXI, Florentino Pérez comienza su primer período (2000-2006) al frente de la presidencia de Real Madrid. Su arribo revolucionó la Casa Blanca. Con el ‘Zidanes y Pavones’ como leitmotiv, logró armar planteles de ensueño y reventó el mercado cada vez que pudo. Pero al mismo tiempo, lo descontroló. Apoyado por los préstamos que le facilitaban los bancos españoles, el Rey Midas inició su proyecto galáctico.

Además de sumar varios refuerzos en cada apertura del libro de pases, en tres de cuatro temporadas consecutivas -de la campaña 00/01 a la 03/04-, Real Madrid realizó el fichaje más caro del momento. Nombres importantes en la cancha y en los comerciales, que aterrizaron en Madrid gracias a cifras nunca antes vistas. Como los vendedores sabían que el dinero estaba, los precios de los jugadores se elevaban sin cesar. 79 millones de dólares por Figo, 96M por Zidane, 60M por Ronaldo y 50M por Beckham. Total: 285M de dólares. Un ejemplo notorio; en 1996, Zizou fue fichado por la Juventus a cambio de 6 millones. Cinco años más tarde, para irse al Madrid, Florentino desembolsó más de 15 veces lo que habia pagado la Vecchia Signora por el francés. Es decir que en un lustro, aumentó su valor en un 1600%.

Por el plantel de estrellas que había conformado y por los resultados alcanzados, Florentino sabía que su nombre quedaría grabado en la historia de Real Madrid y del fútbol español. Pero no sólo por los éxitos deportivos, sino también por haber concretado una convulsión monetaria en el mercado de pases. Igualmente, no terminaría ahí. En 2009 arrancó su segunda -y actual- etapa e hizo todo aún más cruel. Con las llegadas de Cristiano Ronaldo (128M), Kaká (86M), Xabi Alonso (46M) y Benzemá (46M), sobrevaluó el mercado a niveles impensados. Y hoy sigue esa tendencia, con Gareth Bale como símbolo.

Sumado a Real Madrid, comenzaron el esquema pero con fines de otra índole -menos claros- los Zares Rusos. El acercamiento al fútbol de los magnates y de los petrodólares intensificaron aún más al contexto inicial del mercado sobrevaluado. Un símbolo de ello es Roman Abramovich, quien resurgió a Chelsea a base de billetera.

Pero varios clubes más imitaron el sistema de Florentino para reforzar sus filas y profundizar el modelo de sobrevaloración. Por nombrar sólo tres casos: Juventus abonó 71 millones por Buffon y Lazio, 63M por Mendieta en 2001, mientras que, al año siguiente, Manchester United puso 60M por Ferdinand.

Acorde con la constancia que obliga el sistema de sobrevaloración, es lógico que hoy algunos clubes y agentes ya se animen a tasar a sus jugadores en números que seducen y, a la vez, espantan a cualquiera. Con o sin intención, Real Madrid instauró una forma de mercado que impide que nadie fiche a nadie. Se generó una diferencia abismal entre ricos y pobres. Esa brecha entre grandes y chicos que Michel Platini manifestó en más de una oportunidad que quiere eliminar mediante el fair play financiero, pero que hoy parece estar más afirmada y marcada que nunca.

Así, mientras Europa continúa inmersa en una alarmante crisis económica y financiera, en el planeta fútbol se sigue hablando de cantidades enormes de dinero por deportistas. Y mientras que la media de lo máximo que se pagaba por un jugador TOP en la década del ’80 era de 8M de dólares y en los ’90, de 21M, desde 2000 hasta 2013, el promedio trepó hasta los 80 millones de dólares ¿Quedan dudas que hubo sobrevaloración?

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