thumbnail Hola,

Hace un año, una breve entrevista con el crack del Santos giraba en torno a un pase que se disputaban Real Madrid y Barcelona. Neymar ya imaginaba el final.

  Sebastián García
  Director Editorial
  Goal.com Latinoamérica
Seguilo en    

El sábado 24 de marzo de 2012 fue un día más en la Vila Belmiro. Hubo un entrenamiento liviano del plantel del Santos a cargo de Muricy Ramalho, porque al día siguiente el Peixe tenía que ganarle 2 a 0 al Bragantino por el Paulistão y dos días antes, Neymar le había convertido al Juan Aurich de Perú en un triunfo por 2-0 por Copa Libertadores.

Paulo Henrique Ganso y los demás compañeros, abandonaban el centro de entrenamiento, pero Neymar da Silva Santos Junior tenía tarea. Lo esperaba una serie de entrevistas con la prensa extranjera y una sesión de fotos para presentar la camiseta del centenario del Santos y convertirse en la portada de la revista ESPN Brasil.

Yo aguardaba mi turno en un improvisado estudio de fotos instalado en la sala de conferencia de prensa. Me habían prometido 20 minutos con el joven del peinado mohicano, que tres meses antes había sufrido ante el Barcelona un baile descomunal en la final del Mundial de Clubes en Yokohama.

La misión que me habían encomendado era la de intentar descubrir si Neymar se iba a ir al Barcelona o al Real Madrid. Sí, 14 meses atrás la obsesión de los dos gigantes del fútbol español ya era el número 11 del Santos y de la selección de Brasil.

Los 20 minutos se convirtieron en 15 ante la sugerencia del jefe de prensa del club y luego en 10 ante la insistencia del entorno del crack, que sin embargo se predispuso sin problemas a una charla que intentó ser lo más abarcativa posible y terminó sin ser lo suficientemente profunda como para volverme a casa enteramente satisfecho.

“¿Cómo hacés para no volverte loco cuando leés los diarios españoles?”, le pregunté. Y fue en ese momento en el que Neymar, sin querer, terminó “adivinando” su futuro.

“Es normal. Ya estoy acostumbrado. Yo sé que un día soy jugador del Real Madrid y al otro día juego en el Barcelona”, respondió el jugador brasileño de más alto perfil entre los que jamás jugaron en Europa.

El Santos, un 24 de mayo de 2013, terminó vendiendo a Neymar a ambos clubes. Claro que el delantero brasileño no terminará jugando para ambos, pero el club al que hizo grande Pelé, le siguió la corriente a la prensa y les hizo caso a los diarios madrileños (madridistas, también,  ¿por qué no decirlo?) y también a los catalanes. Esos que imprimieron y vendieron miles de ejemplares confirmando una noticia que todavía estaba demasiado lejos de confirmarse. Esos que un día lo vestían de blanco inmaculado y al siguiente lo imaginaban tirando paredes con Messi.

El Santos logró lo que pocos clubes (y personas) en el mundo: se puso de acuerdo con ambos. Con el Real Madrid y con el Barcelona. Aceptó ambas ofertas. Quedó bien en la capital de España y en Catalunya.

El que tuvo que decidir fue el papá de Davi Lucca. Ese niño que tal vez haya sido el que prolongó con su llegada la carrera de Neymar en su país.

Neymar sabe desde hace tiempo que millones de futboleros lo imaginan jugando el clásico de España. Pero ahora está en sus manos elegir de cuál de las dos veredas.

“¿Vas a tener que cambiar tu estilo de juego cuando te vayas a un club europeo?”, le pregunté intentando que se notara que en realidad me refería, más que nada, a esa tendencia a caer ante el más leve contacto. Él lo interpretó de otra manera, pero fue la frase que más me quedó de todas las que me dijo: “Sería un enorme error de mi parte cambiar mi forma de jugar. Si me quieren de afuera, es porque les gusta como juego. No pienso cambiar. Tengo que ser fiel conmigo mismo”…

…Aunque eso signifique que ahora le tenga que ser infiel a uno de los dos gigantes españoles.

Artículos relacionados