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Un repaso por el mandato del presidente que vivió el primer descenso en la historia del Rojo; amenazas, cinco entrenadores, crisis económica, su renuncia y un futuro incierto.

El 18 de didiembre de 2011, con Independiente en Primera, Ramón Díaz como entrenador, Leonel Núñez de delantero goleador y un estadio a medio hacer -igual que ahora-, Javier Cantero asumía como presidente del Rojo con la promesa de limpiar la mugre del club (solía mostrarse con una escoba durante su campaña), empezando por la barrabrava encabezada por Bebote Álvarez. Aquí, un breve repaso de su andar como máximo dirigente del club de Avellaneda.

Debió pelear fuerte desde el comienzo, ya que para convertirse en presidente le ganó las elecciones al exintendente de Avellaneda, Cacho Álvarez, que figuraba en la lista del presidente saliente, Julio Comparada. Una vez consumada su llegada, los cruces con los violentos y hasta con algunos referentes del club no tardaron en llegar.

Menotti fue el primero en inhibir al club por una deuda de la época de Comparada; antes de que se cumpliera un mes de su gestión, que claramente apuntaba a eliminar a los barras del club, apareció la primera bandera en un partido apuntando a la Comisión Directiva. Y apenas con cuatro meses de dirigencia, debió aceptar la renuncia del Pelado Díaz. En total, contando al riojano, pasaron cinco entrenadores durante su mandato: Cristian Díaz (cinco meses), Américo Gallego (seis meses), Miguel Brindisi (cuatro meses) y Omar De Felippe (lleva siete meses en el cargo).

Los encontronazos con la barra fueron una constante en su ciclo. En mayo de 2012, cerca de 30 integrantes de la barrabrava amenazaron a Cantero en su despacho, luego de ingresar a la sede del club y acusarlo de no querer guardar banderas y bombos, y por no darles entradas para la reventa. Estos episodios llevaron a la renuncia del vicepresidente Claudio Kebliatis, que luego fue convencido por Cantero para tomarse una licencia. Incluso el propio Bebote Álvarez lo encaró en la calle mano a mano y se amenazaron mutuamente.

Varios dirigentes del fútbol argentino se fueron alejando de Cantero en su lucha por terminar con los barras. En diciembre de 2012 un partido ante Belgrano debió ser suspendido por una agresión a Juan Carlos Olave y al Tolo Gallego también lo increparon. Cuatro meses después el Tolo se fue y la bronca contra el presidente siguió en alza.

Florencia Arrieto, quien había sido designada jefa de seguridad en agosto de 2012 -la primera mujer en su cargo- e izaba la bandera de la lucha contra los violentos, renunció a su cargo seis meses más tarde por no coincidir con algunas de las decisiones de Cantero. El escenario, con el equipo al borde de perder la categoría, parecía no encontrar salida.

Consumado el descenso tras la derrota ante San Lorenzo, y enemistado hasta con el presidente de la AFA, Julio Grondona, Cantero protagonizó uno de los hechos de mayor violencia cuando la barra ingresó a una asamblea y atacó a los dirigentes con sillazos y proyectiles. Afuera, un piquete bordeaba la sede de Avenida Mitre. Se repitieron los pedidos de renuncia a la Comisión. La asamblea no pudo realizarse.

La oposición juntó más de 25 mil firmas para pedir que se realicen elecciones anticipadas, tratando de quitar del cargo a Cantero, que por entonces sostenía a Brindisi a pesar de que no podía ganar ni un partido en el Nacional B. ¿Cómo hallar la solución? Omar De Felippe pareció ser la clave. Y lo fue, durante un tiempo.

El exentrenador de Quilmes sacó al equipo de la parálisis que atravesaba luego de la dramática pérdida de categoría, primera en la enorme historia de Independiente. Armó un grupo sólido y puso al Rojo en puestos de ascenso, alcanzando un récord de diez partidos invicto. Todo parecía encaminarse hacia una salida esperanzadora.

Pero la mala racha que acumuló el equipo en este 2014, volvió a sacar a la luz la basura debajo del tapete. Como si no alcanzara con los problemas endógenos, la mediatización del escándalo de dos de sus jugadores, Martín Benítez y Alexis Zárate, por una presunta violación sexual, complicó aún más las cosas.

Los reclamos de Luciano Leguizamón por una deuda millonaria, la bronca del exDT Cristian Díaz contra el presidente, que había optado por poner al día al plantel antes de traer refuerzos (aunque finalmente llegó Federico Insúa, con aportes privados), y la derrota por 2-0 ante Sarmiento de Junín sacudieron el paño y terminaron con la supuesta renuncia de Cantero en la madrugada, que luego fue negada por el propio dirigente.

Bebote Álvarez volvió a aparecer en la sede, esta vez para oficializar su poder: el exlíder de la barra quiere captar nuevos socios para armar una fuerza que compita en las próximas elecciones presidenciales del club. Se hizo presente con un casco de moto en la avenida Mitre y, tras declarar su apoyo al equipo ante las cámaras, volvió a pedir por la salida de Cantero e instó a los hinchas a un banderazo para bancar a los jugadores.

El anunciado salvajate económico, con el ingreso a escena del líder sindicalista Hugo Moyano, finalmente no se concretó. La situación se tornó insostenible. Y en la tarde del 23 de abril de 2014, Javier Cantero decidió renunciar a su cargo. Pasaron dos años y medio, e Independiente no vivió ni un solo día de plena paz. ¿Cuál será el próximo capítulo?

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