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Pocos son los que pegan la vuelta en el mejor momento de sus carreras. No fue el caso de Maxi Rodríguez o de Gabriel Heinze que, en plenitud, comandaron a Newell's al título.

"Yo ya me siento campeón", había dicho Gabriel Heinze ni bien terminó el partido ante Atlético Rafaela y antes de saber el resultado de Lanús – River. "Nos pasa a todos", agregó Maxi Rodríguez. Los dos ídolos ya lo veían venir. Esos dos que decidieron volver, sólo por el amor por la camiseta, para dar una mano y sacar a Newell's de ese pozo que parecía tener fondo en la B Nacional.

Probablemente el último regreso de peso al fútbol argentino que generó diferencia fue la Juan Sebastian Verón a Estudiantes, allá por el 2006. Llegó, fue campeón con Diego Simeone ese mismo año y luego obtuvo la Copa Libertadores en 2009 y otro Torneo Apertura en 2010. Ninguno logró su efectividad de los otros pocos que volvieron. Por lo menos, no hasta ahora.

Hace un año atrás, más precisamente en julio de 2012, la Lepra reventaba el mercado de pases y abrochaaba el retorno de la Fiera y de otro hijo pródigo, Ignacio Scocco. "Tengo ansiedad por volver, quiero formar parte del grupo que se está armando", tiró el actual goleador, cuando todavía estaba en el Al Ain de Emiratos Árabes. “Para mi es un honor vestir esta camiseta. Ojalá que todo este cariño que ustedes me dan desde la tribuna yo se los pueda devolver dentro de la cancha”, expresó Rodríguez, emocionado, ante un Parque de la Independencia repletó para volver a verlo después de 10 años.

"Estoy haciendo lo que me dicta el corazón. Yo siempre quise volver a mi casa, acá fue donde empecé. Que esté Martino fue clave", comentaba, tan sólo unas semanas más tarde, en agosto de 2012, Gabriel Heinze. El Gringo estaba en la Roma, con quienes llegó a un acuerdo, ya que su contrato finalizaba en junio de 2013 y Zdenek Zeman, el DT, no lo iba a tener en cuenta. Tenía varias ofertas para seguir su carrera en Europa. Había participado de 30 partidos en la Serie A y venía de jugar los últimos dos mundiales con la Selección Argentina, aunque Sabella ya no lo tenía en cuenta.

Igual que la Brujita, Rodríguez llegó con 31 años. Heinze, más expermientado, con 34. Los dos venían de excelentes temporadas en el Viejo Continente. De hecho, Brendan Rodgers, en ese momento DT del Liverpool, había pedido que volante no se vaya: "Me encantaría que se quede, creo que es un gran jugador. Como titular o desde el banco podría ser muy bueno para nuestro plantel porque entiende lo que queremos”. Con 27 llegó Nacho. Los que saben, dicen que es la mejor edad para un futbolista. No para él, que no la pasaba bien en con los jeques y los petrodólares: 19 partidos y 9 goles durante la temporada 2011/12.

"Volvimos porque somos hinchas del club y queremos a la camiseta. Así de simple. Sentimos que todo lo que hicimos en nuestras carreras fue gracias a Newell’s y queremos devolverle algo de todo lo que nos dio para que siga creciendo", anticipaba Rodríguez, apenas algunos días después de su retorno. Pocos se veían venir lo que pasaría tan sólo unos meses más tarde.

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