thumbnail Hola,

Deslumbró al mundo con su actuación en el Superclásico y revalidó sus condiciones en el triunfo Xeneize frente a San Lorenzo. La radiografía de un nuevo crack.

En el lenguaje universal del fútbol, el sentido de pertenencia del número diez es una de las pocas costumbres que se mantienen intactas. Predestinado a los elegidos, a los talentosos, al distinto de turno. La tradición del diez, en épocas de camisetas con números estrafalarios, resulta inalterable. Y más aún cuando de Boca se trata, club que durante su historia ha disfrutado a dos de los diez más determinantes del fútbol argentino: Diego Maradona y Juan Román Riquelme usaron, entre otras luminarias, la casaca azul y oro.

Tras la decisión de Riquelme de colgar los botines indefinidamente tras la derrota del Xeneize en la final de la Copa Libertadores frente al Corinthians, la cantera entregó a su heredero: Leandro Paredes, categoría 94, forjado en las inferiores de La Ribera. El mismo Román, uno de los máximos ídolos de la historia, lo catalogó como su sucesor: "No le puedo tapar el lugar a un chico de 18 años que esté esperando que a Riquelme se le antoje irse. Cumplí todos los sueños que tenía, ahora soy hincha. Es hora de que Paredes cumpla todos sus objetivos".

En la cancha, a lo lejos, bien se los podría confundir, no solo por su fisonomía, sino también por su ADN futbolístico. Espigados, elegantes, con un andar cansino pero un talento cerebral. Una pegada prodigiosa, una capacidad inagotable para jugar y hacer jugar, una técnica depurada, atrae marcas para lanzar una daga entrelíneas y dejar mano a mano a un compañero. En la última Copa Sudamericana recibió el manto sagrado, la número diez propiedad exclusiva de Riquelme hace tan solo unos meses. "Como Román no hay otro, es el mejor y tengo que cuidar su camiseta. Estoy orgulloso de llevar la que dejó el mejor".

Arribó a las inferiores de Boca tras romperla en La Justina, Brisas del sur y Social Parque, a cargo de Ramón Maddoni. En las instalaciones de Casa Amarilla deslumbró a propios y extraños que semanalmente se juntaban exclusivamente para disfrutar de su magia. Obnubilado por sus condiciones, Claudio Borghi lo adoptó como su hijo putativo. Debutó en 2010, antes de la partida del "Bichi" después de la derrota en el Superclásico frente a River, en la derrota por 2-0 frente a Argentinos Juniors. Ingresó a falta de siete minutos para el final por Lucas Viatri. "Fue un momento hermoso, el más hermoso de mi vida. Borghi fue una de las personas más importantes de mi vida. Me hizo estar en un vestuario junto a Riquelme y Palermo".

Después se fracturó, jugó el Sudamericano sub 20 pero quedó excluido del Mundial. Las tempestades sucesivas que aquejaron al club de La Ribera convirtieron en un caos a La Ribera, un contexto imposible para asegurarle a un juvenil tiempo para afirmarse y crecer. Julio César Falcioni devolvió al club a la normalidad, retomó la senda ganadora y recuperó la estirpe ganadora. En un nuevo panorama, similar a aquel que construyó Carlos Bianchi en la década dorada del club azul y oro, ganó continuidad. "Falcioni me da mucha confianza. Me deja jugar con libertad".

Jugó un par de partidos pero se afirmó en la rotación del primer equipo en este Torneo Inicial. Antes, entrenaba ocasionalmente con la primera pero fue determinante en la reserva que se consagró la temporada pasada. Fue uno de los héroes de la remontada en el Monumental. Ingresó cuando restaban doce minutos y construyó la jugada del empate agónico. Pese a la premura y la desesperación, Paredes congeló su temple y recorrió más de treinta metros antes de encontrar a Lautaro Acosta libre por el flanco. No enloquecíó en medio de la catástrofe inmediata.

Si su actuación frente a River había sido decisiva para adueñarse de un puesto acéfalo, frente a San Lorenzo desplegó un rendimiento consagratorio. Con dos derechazos fulminantes decidió el clásico en favor de su equipo. Boca retornó al triunfo después de cinco partidos comandado por el heredero, estereotipo del diez sudamericano y nueva esperanza de un club en franca recuperación después de la partida de Juan Román Riquelme. Mientras tanto, desde Europa se afilan los colmillos para ofertar millones para contratar a la nueva gema del fútbol argentino. "Es un orgullo, pero yo me quiero quedar muchos años en Boca".

Artículos relacionados