thumbnail Hola,

Ante San Lorenzo, el equipo del Muñeco demostró que su nivel ya es una realidad: dio una muestra de carácter tras arrancar perdiendo y nunca se alejó de su idea.

Ni el más optimista hincha de River hubiera imaginado un presente como el que atraviesa el equipo de Gallardo. El flojo debut ante Gimnasia parecía ser la confirmación de que el Muñeco iba a tener que trabajar duro para hacerle frente a tres competencias con un plantel sin varias de las figuras del último campeón. Pero en cuatro partidos, la ecuación cambió rotundamente.

El DT tomó dos decisiones importantes: dejó de apostar por Ponzio y Ferreyra, de flojo nivel; y recurrió a Kranevitter y Rojas, un tándem que funciona a la perfección y que es fundamental para llevar adelante la idea futbolística que intenta plasmar en cancha el entrenador. Los números explican por qué el ingreso de ambos le cambió la cara al equipo.

Desde que arrancaron como titulares ante Rosario Central, ambos jugaron todos los minutos (360) y fueron importantes tanto en la recuperación como en la distribución de la pelota. Kranevitter realizó 216 pases bien (85,6%) y tuvo 22 recuperaciones; mientras que Rojas le entregó la pelota a un compañero en 183 oportunidades (76,5) y rescató el balón 18 veces. Además, por los riesgos que asume el conjunto Millonario con Mercado y Vangioni yendo continuamente al ataque, son fundamentales a la hora de colaborar con la última línea y evitar la desventaja numérica.

Pero la dupla de mediocampistas no es la única clave del buen nivel de River. El mayor mérito del DT fue haber logrado transmitir una idea clara -y acorde a la historia del club- que convenció a los jugadores, quienes se mantuvieron firmes en sus intenciones tanto cuando estuvieron tres goles arriba como cuando comenzaron perdiendo. A partir de allí, como aseguró el entrenador, mejoran los rendimientos individuales.

Por eso, es difícil encontrar puntos flojos en el Millonario. El arco estuvo bien protegido tanto por Barovero como por Chiarini; la defensa asumió los riesgos y estuvo a la altura; Sánchez logró que el equipo no extrañe a Carbonero y se convirtió en una de las figuras con 3 goles; Pisculichi alcanzó su punto máximo ante el Ciclón pero ya venía en un buen nivel y en la delantera, Teo Gutiérrez sigue demostrando que es el punta más desequilibrante del fútbol argentino y ya es el máximo artillero del torneo, con 6 tantos. Así, los pibes entran sin la presión de ponerse el ataque al hombro y Boyé ya debutó oficialmente en la red. Todo redondo.

Ahora, los de Núñez tendrán el reto más difícil: mantener el nivel ante la seguidilla de partidos que implica competir en tres frentes, con poco recambio y cuando el cansancio comience a pesar. Pero si al equipo que se lució en las últimas fechas se le pedía reafirmar el nivel ante un rival de peso, después del partido con San Lorenzo ya no quedan dudas: el River de Gallardo dejó de ser casualidad para convertirse en una realidad que empieza a conquistar a los hinchas, sin importar el color de la camiseta.

Artículos relacionados