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Los dirigentes de Boca no quieren saber nada con extender el contrato del 10 e intentan desgastarlo para que sea Román quien decida no seguir. Angelici quiere cuidar su imagen...

Es el ídolo máximo de los hinchas, un tipo que ganó absolutamente todo, que cada vez que puede declara su amor incondicional por el club y que, cuando juega, demuestra que está a años luz de sus compañeros y rivales. ¿A alguien se le ocurre que a un jugador con estos pergaminos no se le quiera renovar el contrato? Sí, a los dirigentes de Boca. El presidente y varios hombres fuertes de la CD xeneize no soportan a Juan Román Riquelme y poco hacen por ocultarlo, aunque no se animan a decirlo frente a las cámaras por el costo político que una declaración así acarrearía. Costo político. Ahí está la clave del asunto.


Daniel Angelici apareció en la escena política de Boca cuando, siendo tesorero de la gestión de Jorge Amor Ameal, se negó a firmar la renovación de Riquelme por cuatro años. Lo cierto es que Angelici ya tenía aspiraciones presidenciales para el año siguiente y no quería lidiar con el ídolo dentro del club, que fue siempre un dolor de cabeza para la administración de Mauricio Macri, su padrino político. Finalmente, Angelici se abrió de aquella CD y al año siguiente fue elegido presidente de la institución.


Durante su gestión, el 'Tano' tuvo varios cruces con Román, uno de los más importantes se dio en San Pablo luego de la final de Copa Libertadores que Boca perdió con Corinthians en 2012. Hoy, a dos meses de la finalización del vínculo entre Riquelme y el club, los dirigentes aún no se han sentado con el jugador para ofrecerle una renovación de contrato. ¿La estrategia? Desgastarlo para que sea el propio Román quien decida irse a causa del destrato. Claro que hay otro factor importante que juega en este asunto, la tercera pata del dilema: la gente.


El año que viene hay elecciones tanto en Boca como en la política nacional, y Daniel Angelici seguramente será candidato en una u otra. Lo más probable es que siga los pasos de su mentor Mauricio Macri y pegue el salto a la política pero, para esto, primero tiene que fortalecer su imagen. Y acá es donde juega fuerte la actualidad de Boca...


La gestión de Angelici por ahora está casi virgen de logros, apenas una Copa Argentina en 2012. Muy poco para un dirigente que basó su campaña en la vuelta a Japón. Hasta acá, el presidente se manejó casi en piloto automático. Los hinchas querían que se fuera Falcioni; no le renovó. Los hinchas querían a Carlos Bianchi; lo trajo. Los hinchas querían la vuelta de Riquelme; no se opuso. Claro que los resultados nunca acompañaron, y esto preocupa y mucho a Angelici, pero más aún le preocupa dañar su imagen quedando como el hombre que echó del club al máximo ídolo...


Futbolísticamente, la renovación del 10 hoy no tiene discusión. Es, por lejos, el mejor jugador de un plantel devaluadísimo y con muy poco talento. Cada vez que Román juega, la diferencia es escandalosa, aún teniendo en cuenta su endeble estado físico, una de las razones esgrimidas por los opositores a su renovación. Los números son muy elocuentes: con Riquelme en el equipo, Boca jugó nueve partidos, de los cuales ganó cinco, empató tres y perdió el restante, ante River, ya sin el 10 en el terreno de juego, quien salió con el partido igualado. Sin Riquelme, el Xeneize jugó seis encuentros: perdió cuatro y empató dos. No hay mucha vuelta que darle.

Por supuesto, Román no es el de hace una década. Los años pesan, principalmente en el físico, pero la calidad está intacta. Hoy al 10 le alcanza para ser el mejor (lo volvió a demostrar ante Tigre), pero no para mejorar a sus compañeros. Lo que tiene que hacer la dirigencia de Boca, además de renovarle el contrato, es rodearlo bien. El plantel actual tiene falencias en todas las líneas, jugadores sin pedigree, sin nivel para jugar en el club. Si Angelici quiere revertir su imagen actual y volver a formar un Boca campeón, un Boca que vuelva a los primeros planos, la renovación tiene que ser grande. Y debe empezar por garantizar la continuidad de su mejor jugador.

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